terremoto -en artxiboa

Campaña “Solo el pueblo ayuda al pueblo”

Posted in Ekonomia, Gizartea with tags , , , , , on 2010/03/05 by aselluzarraga

Siguen sumándose acciones a esta imprescindible campaña. Aquí importantes recomendaciones para quienes acudan a ayudar.

Terremoto en el corazón

Posted in Ekonomia, Errepresioa, Gizartea with tags , , , on 2010/03/05 by aselluzarraga

El corazón aún se mece al ritmo del terremoto. La tierra nos sacudió a todos: cuerpos, camas, paredes, casas, carreteras, cárceles, hospitales… Hoy lo ha hecho de nuevo. Pero después de que la ciega naturaleza, las placas tectónicas que nada entienden de economía, política, y sociedad dejaran de hacernos temblar, los corazones no han recuperado el ritmo habitual. Y es que, aunque nos haya zarandeado a todos de forma similar, no nos ha golpeado a todos igual. En cuanto a consecuencias la economía y las autoridades no son tan ciegas como la naturaleza y una vez más han cuidado mucho mejor a los ricos que a los pobres. Los hogares de la gente humilde no están construidos igual que los de los ricos; mientras el “saqueo” de los supermercados por parte de quienes no tenían nada se considera delito y sufre la persecución, las “compras” egoístas realizadas por los ricos no son delito, no es saqueo, aunque cree mayor escasez que lo otro. Porque la única acción a castigar es poner en duda la propiedad de las empresas y de los adinerados. En medio de la catástrofe, incluso cuando el dinero no sirve de nada, esperan que los pobres tengan paciencia, no “roben” nada a los ladrones habituales, se porten ordenada y dócilmente, mientras sin agua, sin luz, los alimentos se pudren en los supermercados.

Unamos a eso la violencia de las mafias ladronas adoctrinadas por la brutalidad del capitalismo y tenemos una inmejorable excusa para llenar todo de policías y militares, para hacer creer, con la ayuda del trabajo leal de los medios de comunicación, que el mejor modo de justificar los errores del capitalismo es aumentar la represión y reconstruir el mismo capitalismo despiadado. Ahora se abren estupendas oportunidades de negocio, ocasión inigualable para subir más los precios y aumentar las diferencias económicas.

Y el corazón sigue temblando. El terremoto aumenta mirando entre los barrotes de mi ventana. Porque, al igual que antes en la cárcel, en casa también tengo barrotes. Porque mi casa también se convirtió en prisión. Y esa reja que debía ser para protegerme de ladrones me recuerda que debo seguir inmóvil en casa, sin destino, sin poder ayudar. No es ahora la incomodidad de no poder ir al supermercado, a la tienda de al lado, a un parque, a la feria, a los bares, adonde mis amigos, sino el dolor de no servir para colaborar.

Contemplo por el cristal y en la mayoría de las ventanas que alcanzo a ver descubro barrotes como los míos, pero en las últimas semanas el parecido se limita a la apariencia. Ahora los hierros de mis vecinos y los míos han tomado significados distintos. No sé si ellos utilizan su libertad para ayudar o para recuperar la paz de sus familias, su trabajo, su día a día. No soy quién para pedirles cuentas. Pero a mí mismo sí, me pido cuentas continuamente, y estos días me siento más atrapado que nunca, porque la solidaridad que el corazón me pide se escapa entre esas rejas. Quiere gritar, pero lo único que puede hacer es escuchar las visiones gastadas que la televisión repite.

Entre las alegrías que me quedan, además de las voces solidarias que me llegan desde Euskal Herria, Argentina… y tantos lugares, se encuentran las iniciativas que se están poniendo en marcha. Iniciativas que merecen la pena. Que nos muestran que el mundo puede ser construido de otra manera. Y en ellas no puedo participar más que de ánimo. Y también me queda Vane, siempre tan generosa, siempre con tan buen corazón. Ahora ella es mis brazos y mis piernas y sé que ella tiene tantas ganas como yo para realizar aquello que yo no puedo. Y lo hará, lo está haciendo. En sus ojos, en esa sonrisa sin barreras, mi corazón recupera un poco de paz cada día. La solidaridad no sólo es la ternura entre los pueblos, sino también la ternura entre los corazones. La misma ternura que estos días Joseba Barrenetxea me ha deseado. La ternura conocida y anónima que he recibido de tantos corazones. Eso es, por encima de todo, lo que necesitamos para reconstruir este pueblo sobre nuevos pilares. Al margen de temblores del corazón, incluso entre los barrotes, mis ventanas vierten ternura.

(Gracias a Ariel Dorfman por inspirarme la idea de escribir estas reflexiones).

Elkartasunerako dei berriak – Nuevas llamadas a la solidaridad

Posted in Gizartea with tags , , , , , , , on 2010/03/05 by aselluzarraga

Irakurri eta zabaldu, mesedez. Eskerrik asko.

Lean y difundan, por favor. Muchas gracias.

http://soloelpuebloayudaaelpueblo.blogspot.com/2010/03/urgente-desde-la-provincia-de.html

http://soloelpuebloayudaaelpueblo.blogspot.com/2010/03/albergados-en-pelluhue.html

Conquistando el pan en esta tragedia humana

Posted in Anarkismoa, Ekonomia, Gizartea with tags , , , , on 2010/03/02 by aselluzarraga

Esta catástrofe enorme, esta nueva ocasión en la que la tierra ha vuelto a poner al ser humano en el humilde lugar que le corresponde, está sacando con nitidez el tipo de sociedad y de relaciones humanas que el aparato estatal ha creado. Tristemente observamos en qué dirección nos movemos, qué es lo que prima. El Estado, como padre protector que decide desde arriba, supuestamente omnipresente y omnisciente como la imagen de ese dios imaginado por el ser humano que en definitiva lo inspiró, lleva tratando a sus ciudadanos como súbditos eternamente adolescentes, necesitados de una autoridad que les marque el camino, incapaces de auto-organizarse, de gestionar su propia vida con autonomía. De este modo, al mínimo indicio de que ese padre sobreprotector está ausente, todo se desmorona. Esos ciudadanos que, a conciencia, han sido desde el nacimiento tratados como eternos inmaduros se comportan como tales y, a falta del tutelaje oportuno, pierden el norte y gastan sus energías en clamar ayuda del cielo. No existe una cultura de solidaridad, ayuda mutua, organización espontánea. Y los medios aprovechan esta circunstancia desatada por la propia ineficacia del sistema estatalista para llamar anarquía a la situación creada. Nada más lejos de la realidad, porque anarquía no tiene nada que ver con kaos, que es lo que se está viviendo. Cuando la seguridad y el orden están tradicionalmente delegadas en organismos acostumbrados más a la represión que a la ayuda, los resultados son los que estos días observamos atónitos. Cuando una mayoría de la población está acostumbrada a que las empresas, las cadenas de supermercados, los intereses del libre mercado primen sobre los intereses humanos, a ser robados continuamente a través de precios artificialmente altos y esfuerzo de trabajo sistemáticamente usurpado por el patrón, es normal que en un momento como éste se cobren lo que en justicia les pertenece, frente a la pasividad de esos empresarios, esas autoridades, que prefieren ver perecer sus productos en las tiendas o tirar toneladas de productos “dañados” a la basura a saciar “gratis” y de forma ordenada las necesidades de los desesperados. En esos momentos el mundo asiste incrédulo, como ya me lo han manifestado personas que nos observan desde otros países, a la actitud de las fuerzas del “orden”, más afanadas en tirotear a reclusos en fuga (tal vez preferían que se quedaran tranquilos esperando morir en esa ratonera con barrotes) o a lanzar botes de humo contra los hambrientos y malgastar agua reprimiendo desde sus guanacos, que a ordenar la ayuda, buscar desaparecidos y, en definitiva, ayudar a la población, que es en definitiva para lo que dicen que valen. Pero no, una vez más demuestran lo que muchos sabemos: esos cuerpos del “orden” están para garantizar “su” orden, el orden de los ricos, de los empresarios, de los usurpadores del trabajo ajeno, vigilar su propiedad privada y su negocio. Y en una situación así, con décadas de educación en la materialidad de la vida y en la represión violenta como forma de corrección social no es de extrañar que muchos vecinos se organicen para actuar de esa forma aprendida, es decir, violenta, e incluso, como escuchábamos hoy a una mujer, pedir que el ejercito reciba la orden de la presidenta de “tirar a matar” contra los asaltantes. Está claro que muchos de esos asaltantes tampoco entienden nada de espíritu de clases, puesto que ese espíritu ha sido hábilmente suprimido durante décadas, de modo que demasiada gente de zonas humildes, abandonadas, conscientemente olvidadas, ha olvidado la dignidad de clase y han aprendido ha sobrevivir sacando provecho del mal ajeno. Pobres robando a pobres, lo más lamentable que podía suceder en una situación así, pero algo que se podía esperar de este modelo social basado en el egoísmo, en el deseo de vivir como la tele nos muestra que es posible de la forma más rápida que, con los salarios existentes, difícilmente puede ser el trabajo honrado. Pero masivamente la gente, bien aleccionada, en lugar de un cambio cultural y una sociedad justa para todos, pide a gritos más seguridad, entendida como represión y castigo. Qué más podía pedir la derecha, esas peticiones son música celestial para sus oídos, puesto que para preservar sus derechos el único camino es reprimir a aquellos que pretendan llevar intranquilidad a sus estructurados hogares.

Y en todo esto ¿qué correspondería hacer a los anarquistas? Intuyo, aunque deseo estar equivocado, que como colectivo tampoco estamos preparados para una situación así. Sin pretender aleccionar a nadie, sino como reflexión personal y esperando que muchxs compañerxs se me hayan adelantado y estén ya actuando, pienso que ésta es una ocasión preciosa para predicar con el ejemplo, para demostrar que se pueden edificar nuevos cimientos para esta sociedad, para practicar el apoyo mutuo, la solidaridad, la autogestión. En una coyuntura así los colectivos anarquistas deberían llevar la delantera colaborando en la organización horizontal de la ayuda y la organización en los barrios, poblaciones, fábricas, mercados… La solidaridad se demuestra en la práctica y es hora de poner en juego todos esos valores que predicamos. No para ponernos medallas, sino para hacer desde abajo, anónima pero enérgicamente, sin esperar a esa aletargada y pesada máquina estatal, lo que el pueblo demanda. Hay mucho que hacer y de esta destrucción masiva se puede construir algo nuevo, no sólo material, sino principalmente social. En cada calle, en cada pueblo se pueden sembrar semillas de esa horizontalidad y libre y espontánea solidaridad. Se puede demostrar que el apoyo mutuo no necesita de autoridades, policías ni gestores con corbata. No es necesaria la amenaza de las armas para hacer un justo reparto de los bienes. No hay que esperar a que las grandes cadenas de supermercados hagan gestos caritativos que, como han demostrado, tanta alergia les dan. El pueblo ya ha comenzado a tomar por sí mismo lo que reclama como suyo por derecho y por necesidad, pero puede hacerse mucho para que esa toma sea ordenada, llegue a todos y no sea un juego de ver quién es el más aguja. Hay que romper esa mentalidad de que el precio puede alzarse tanto como se quiera en función de la escasez y la demanda, porque esa lógica del mayor beneficio posible vuelve a condenar nuevamente a la nada a quienes esta economía neoliberal lleva dos siglos pisoteando. Hay muchos mensajes que extender, que interiorizar, pero, sobre todo, hay mucho que organizar y ésta es una ocasión de oro para demostrar que anarquía y kaos nada tienen que ver y que lo que los corazones libertarios albergan es ante todo amor y deseos de igualdad y libertad. Desearía poder hacer mucho más con mis propias manos, pero este estado de arresto domiciliario desgraciadamente pocas opciones me brinda. Ojalá otrxs hermanxs que estén ahí afuera puedan tomar la bandera rojinegra para dar con ella el abrigo y la fraternidad que la situación exige. Como bien apuntó Kropotkin, el pueblo quiere pan. Vaya desde aquí el más solidario abrazo a todxs esxs humildes hermanxs chilenxs que impotente desde la tele veo estos días sufrir y luchar por su dignidad frente a sus arrasados hogares.

Me permito hacer un añadido, ya que con ilusión veo que ya existe una reacción que merece todo nuestro apoyo: