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La represión no tiene fronteras, menos aún la solidaridad

Posted in Anarkismoa, Errepresioa, Euskal Herria, Gizartea, Komunikabideak, Politika with tags , , , , , , , , on 2010/10/21 by aselluzarraga

(Euskaraz) La represión no tiene fronteras, pero aún menos fronteras tiene la solidaridad. A pesar de ser muchos los disfraces, excusas, discursos, mentiras…, la violencia estatal responde a una única estrategia global. De ahí debemos aprender nosotrxs también, por encima de las distancias geográficas o ideológicas que nos dividan, a dar una respuesta global a todas las manifestaciones de la dictadura empresarial mundial. Después de todo, por encima de los matices, si el enemigo de todxs es el mismo, debemos hacer frente a ese enemigo juntxs. Cuando sea vencido habrá tiempo para esos matices.

En Euskal Herria las últimas víctimas  de la represión han sido lxs miembrxs de Askapena. Su delito, después de pasar la escoba a la basura difundida por los medios, es vivir el internacionalismo a diario, abrirse desde Euskal Herria al mundo y traer esos mundos conocidos también a Euskal Herria. En esta tierra estatalizada son los Estados los únicos con derecho a dar a conocer la “realidad”, o, si no, aquellxs que siguen con lealtad el guión impuesto (pongamos, el último Premio Nobel de Literatura). Dicho de otra manera, sólo es aceptable el intercambio de información que los supremos intereses empresariales dan por buenos para los negocios. Por eso es peligroso, y algo a evitar con todas las armas del Estado, que los pueblos se hablen por sí mismos y sin intermediarios. Porque los pueblos fácilmente ven que, por encima de las fronteras artificiales inventadas para esos negocios, son más las características, situaciones, problemas, preocupaciones, luchas, sueños… que los unen. Y tal vez, y eso sería lo más peligroso, pueden darse cuenta de que tienen suficiente fuerza como para utilizar estrategias unificadas y vencer en el camino hacia la libertad. Por tanto, aunque de fijarnos en los matices pueden haber diferencias ideológicas, vaya desde aquí toda mi solidaridad con todxs lxs miembrxs de Askapena encarceladxs por España. Porque el internacionalismo no es delito.

Por otro lado, en Chile aún están en prisión o bajo distintas medidas cautelares las últimas 14 víctimas del montaje comunicativo-policial detenidas el 14 de agosto. Su delito consiste en ser libertarixs, antiautoritarixs o anarquistas. No lxs conozco y no sé a qué se dedicaba cada unx de ellxs anteriormente. No es lo más importante. Porque en esta historia de la violencia estatal los nombres y situaciones personales son lo de menos. Al parecer, esxs que según el fiscal formaban una “asociación ilícita”, en algunos casos ni siquiera se conocían, pero eso tampoco tiene importancia, igual que carece de importancia que todas las teorías de ese fiscal showman que pasó de cocainómano a fiscal anti-narcotráfico no tengan ni pies ni cabeza. Los Estados necesitan enemigos, internos o externos, para vender la mentira de la seguridad, alimentar el negocio carcelario, justificar los sueldos policiales, fortalecer la cohesión social, alimentar el patrioterismo y calmar las conciencias de “los ciudadanos honestos”.  Esas explosiones que de vez en cuando causan pequeños daños materiales, rompen algunos cristales o asustan a algún despistado no asustan al Estado, menos aún siendo la única víctima hasta ahora el propio activista (Mauri, no te conocí pero llevo tu dolor en el corazón). Al contrario,  son una excusa perfecta para atacar a los movimientos que realmente le atemorizan. Porque mucho más peligrosos que los actos aislados de algunxs son los movimientos que a diario crean poder popular desde abajo, horizontalmente, sin líderes ni jerarquías, sean blogerxs, radios y televisiones barriales que rompen el cerco de los medios de comunicación oficiales, sean bibliotecas, sean colectivos que crean organización barrial autónoma, sean locales que ofrecen espacios abiertos para la discusión o el intercambio de experiencias, sean okupas que difunden cultura autogestionada… De modo que, sean quienes sean, independientemente de a que se dedicaran, vaya toda mi solidaridad para lxs 14.

Necesitamos a todxs ellxs, tanto allí como aquí, en la calle, porque todos sus aportes son importantes y es mejor poder hacerlos afuera, en el barrio, los colectivos, los blogs, el mundo…, que en prisión.

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La democracia representativa o la dictadura de los representantes

Posted in Anarkismoa, Euskal Herria, Gizartea, Politika with tags , , , , , , on 2010/05/16 by aselluzarraga

(Euskeraz)

Desde que nacemos y comenzamos a tener conciencia se ponen en marcha todas las herramientas para interiorizar que el sistema que condiciona nuestra vida es democrático. Para empezar, nos enseñan que democracia es la dictadura de la mayoría (por supuesto, sin utilizar la palabra dictadura, para no ponernos alerta). Así está estructurado cuando en nuestros colegios nos ordenan que se elijan delegados y subdelegados de clase totalmente prescindibles. Es ahí donde se inicia la mística del voto y las estructuras escolares utilizan el sistema inmejorablemente para condicionar los comportamientos grupales y comenzar a enseñar conducidos desde arriba. Si se pregunta a lxs profesorxs, nadie es capaz de explicar muy bien cuáles son las funciones de estxs delegadxs, mucho menos de confirmar si tienen competencias reales. ¿Cómo explicarían que el único objetivo de esxs delegadxs no es sino enterrar para siempre la forma de decisión asamblearia y horizontal, la verdadera democracia directa basada en el consenso e implantar en la conciencia del alumnado el sistema representativo? Precisamente, el tamaño reducido de los grupos de alumnxs sería un entorno perfecto para enseñar la fuerza del acuerdo, del consenso absoluto, un sistema que no excluye a las minorías, la democracia directa que legitima todas las opiniones, pero algo así no conviene y desde arriba, desde las instancias que diseñan la enseñanza, se nos ordena que el sistema representativo es obligatorio. Por supuesto, los delegados de clase no tienen ningún poder ni competencia real, pero son un paso imprescindible para comenzar a afianzar la conciencia “democrática” correcta (la que conviene al Estado).

Las principales televisiones y medios de comunicación también hacen una incesante propaganda a la “democracia participativa”, y así, la mayoría de los ciudadanos llegan a creer que ese sistema antidemocrático es la única forma posible y deseable de democracia. Todo ataque contra los partidos políticos, los parlamentos, el propio Estado se considerará un ataque contra la propia democracia, siguiendo esa enorme mentira interiorizada hasta los huesos.  Mentira, porque las palabras “democracia” y “representativa” se niegan una a la otra. Un sistema es democrático (es decir, es el propio pueblo quien tiene el mando) o es representativo (son los representantes quienes ostentan el mando, o los intereses que ellos representan), pero es imposible que sea las dos cosas a la vez. Mientras gobiernen los representantes el pueblo no tiene ningún mecanismo para elegir qué se decide en su nombre.

No voy a decir nada que otros no hayan dicho antes que yo y mejor, pero aún así nunca se repetirá suficientemente y cuanta más gente se quite la venda que nos han puesto (o lo que es peor, que nos hemos auto-impuesto) en los ojos, mejor. Veamos, por tanto, en qué medida son incompatibles la democracia y la representatividad.

Para empezar, en el sistema representativo manda la lógica de las mayorías. A la mayoría se le concede el poder de someter a la minoría, si tienes mayoría absoluta no necesitas negociar, la única opción de los opositores es obedecer. Empezando por eso, es de nacimiento un sistema opresor, y así se utiliza a menudo, además: como venganza, en cuanto cambia el equilibrio entre votos y quien era oposición toma el poder, si la relación de votos le da la oportunidad de hacerlo.

Por otro lado, para determinar las mayorías y las minorías en casi todos los países se utiliza un sistema para contabilizar votos que favorece a los principales grupos. Por medio de ese sistema, en aras de la “gobernabilidad”, se acallan para siempre voces que podrían tener mucho que decir y se engordan y hacen crecer artificialmente, año a año, a los partidos políticos que respaldan grandes intereses económicos. Una de ñas consecuencias es la tendencia cada vez mayor en muchos países hacia el bipartidismo.

Pero esa corrupta lógica de las mayorías esconde otra mentira aún más dura: la representatividad de los representantes electos o, dicho de otra manera, la legitimidad de sus decisiones.

Tal vez, después de las últimas elecciones en la CAV, muchos lo entiendan mejor que nunca, pero siempre ha sido así. Qué decir en Chile, con el sistema de inscripción que utilizan para poder votar. Utilizaré ese ejemplo, es decir, el de la CAV, para mostrar con claridad lo que quiero decir. en 2009 la participación en las elecciones de la CAV fue del 64,26%, la abstención del 35,74%, los votos nulos (incluidos los dados a la formación ilegalizada) el 5,38%, los blancos el 1,03% y los dados a los partidos (es decir, a los partidos legalizados) que se quedaron sin representación en el Parlamento el 2,60%.  Con las cosas así, El 44,75% de quienes tenían derecho a voto no están representados en el Parlamento Vasco, para empezar. Dicho de otro modo, el Parlamento Vasco representa a un %55,25% de todos los votantes posibles. Esa es su verdadera representatividad. De las “negociaciones” para formar de ahí un gobierno surgió una “mayoría” formada por dos partidos, por el PSE y PP. Entre ambos suman el 24,55% de los posibles votantes. Es decir, está  gobernando, creando leyes, decidiendo todas las políticas de educación, salud, infraestructuras, empleo, lingüísticas… una fuerza con el respaldo del 24,55% de los ciudadanos con derecho a voto para el 100% de quienes viven en la CAV. Además, ese 24,55% es un respaldo totalmente teórico, puesto que esos votantes decidieron su voto en base a diversas razones. Algunos en base a lo expresado en los programas, y muchos, sin más, según las siglas, sin fijarse nunca en los programas.

Y eso es todo lo que se le pide al pueblo en el sistema representativo: cada cuatro años (en nuestro caso) introducir un papelito en una urna. En adelante, callar y obedecer lo que “sus” representantes decidan, ya que desde el mismo instante que depositan el voto han legitimado toda decisión de esos representantes. Una vez formado el gobierno, si lo que se lleva a cabo fuera realmente lo expresado en los programas y si los votantes hubieran emitido su voto porque realmente están de acuerdo con todos los puntos que aparecen en esos programas (difícilmente podrían coincidir los programas de dos partidos que se suponen de ideologías opuestas, pero bueno), las leyes de ese gobierno representarían al 24,55% de los votantes. Eso en el mejor de los casos, en el ideal. Pero todos sabemos que rara vez se cumplen lo prometido en los programas, que los votantes pocas veces conocen esos programas y que hay que ser muy ingenuo para creer que en ningún país quienes realmente mandan son los políticos elegidos. Para empezar, son distintos tipos de intereses defendidos por los partidos, muy lejanos del pueblo (casi siempre, de los grandes grupos económicos, que sólo toman en consideración la voluntad y el bienestar de los ciudadanos si eso les reporta beneficios) los que condicionan las decisiones de los partidos. Por otro lado, los propios intereses de partido: algunas decisiones sólo se toman para “ganar” votantes, porque la última meta es el propio partido, la lógica de partido manda. De ahí el pavor que tienen los políticos a preguntar al pueblo directamente, el asco que sienten hacia la democracia, al poder popular, porque menosprecian al pueblo, aunque se sientan obligados a utilizar su nombre. ¿A quién se le hace extraño escuchar a los gobiernos que deberán tomar medidas impopulares? ¿Que deberán tomar medidas duras, que la gente necesitará paciencia, que al pueblo le costará entenderlas y otras frases similares? De modo que, habiendo en la mayoría de los gobiernos representativos (no democráticos) del mundo una representatividad similar (en torno al 25% de los votantes, en la mayoría de los casos), se toman incesantemente medidas que ni siquiera la “mayoría democrática” que el sistema nos hace asimilar en nombre de esa representatividad aceptaría, porque, al parecer, esos sabios políticos a quienes hemos entregado el poder saben mejor que nosotros qué es bueno para nosotros. ¿Para nosotros? ¿O para las grandes empresas que nos han vendido el cuento de ese sistema representativo? Claro, para no dejar al desnudo todo el sistema, los gobiernos aparentemente guardan un equilibrio y deben hacernos creer que también toman medidas que nostros “queremos” (para empezar, por medio de los medios de comunicación y otros tipos de grupos, entre ellos algunas ONGs y sindicatos, nos enseñarán qué queremos, utilizando para ello las “encuestas” que ellos mismos diseñan, el bombardeo mediático, etc.) Así, se nos tendrán que auto-presentar como feministas, ecologistas, defensores de lxs trabajadorxs, garantes de la seguridad, defensores de los pobres…, creando en nosotrxs una visión del feminismo, el ecologismo, lxs trabajadorxs, la pobreza, la seguridad, la empresa… a su medida. Una visión restringida, que nunca ponga en duda los intereses de la gran empresa, el sistema patriarcal, las relaciones verticales, la esencia del propio sistema.

Todo lo que se dirija contra ese sistema será injusto, terrorista, desestabilizador, revolucionario, detestable, antidemocrático…

Los partidos que representan al 55% de los votantes continuamente darán legitimidad al sistema porque, después de todo, vencedores o vencidos, todos sacan un suculento pedazo de la tarta del poder. Y hablo de posibles votantes, porque fuera de ellxs quedan miles de ciudadanxs (para empezar, todxs lxs inmigrantes). Así que, si tomeramos a toda la población, los partidos que forman el parlamento difícilmente representarían al 40% de todas las personas que deben obligatoriamente cumplir sus leyes y, por tanto, los partidos que conforman el gobierno a duras penas representarían al 20% de todxs lxs ciudadanxs. Ésa es la fuerza que realmente tienen detrás en nombre de la democracia. Ésa es la legitimidad al desnudo del sistema representativo. Y a pesar de todo, muchxs lo considerarán democrático y defenderán que hay que cumplir las leyes impuestas en nombre del 20% de la ciudadanía.

Quizá, visto cuál es la verdadera legitimidad de las leyes que diariamente nos afectan y atacan (es decir, la legitimidad dada por el 20% de todxs nosotrxs) entenderemos qué imprescindible es el derecho a la desobediencia civil. Tal vez, empezaremos a ver por qué es tan dura la represión contra quienes hacen frente a ese sistema. Por qué es tan importante para el sistema acallar las voces que dejan al descubierto la dictadura en que vivimos. Porque la garantía para hacer perdurar ese sistema es nuestra docilidad, nuestro silencioso asentimiento. Después de todo, la democracia representativa no es más que la dictadura bien planificada y disfrazada de los representantes. Y es más fácil considerar legítima la resistencia contra una dictadura que contra una supuesta democracia. Porque la democracia representativa es el disfraz de la dictadura de los intereses privados de los representantes. Ya es hora de quitar entre todos ese disfraz.

Boceto para un posible anarquismo vasco

Posted in Anarkismoa, Euskal Herria with tags , , on 2010/04/25 by aselluzarraga

Últimamente le estoy dando cada vez mas vueltas a un tema: a la grieta existente entre palabras como “vasco” y “anarquista”. No porque no existan ni hayan existidos anarquistas vascos. Ahí tenemos al mismo Likiniano. Los anarquistas guiados por él fueron los primeros que hicieron frente a las tropas de Franco sublevadas en Gipuzkoa. La cuestión es que desde entonces el anarquismo y el “ser vasco” no han sabido fusionarse como es debido, y hoy en día las ideas anarquistas son grandes desconocidas en Euskal Herria, arrinconadas por muchos prejuicios y falsas ideas. Mientras que la democracia cristiana, las ideas socialdemócratas y marxistas han sabido unirse a la identidad vasca (o en algunos casos desfigurarla en beneficio propio), parece que el anarquismo y la identidad vasca no han llegado nunca a hacer ese camino. Por lo menos no como movimiento. Y con esto no quiero decir que el anarquismo tenga que portar una ikurriña. No creo que ayudar a crear un nuevo estado sea trabajo del anarquismo, ni pensarlo, y no le echo la “culpa” de esa grieta al anarquismo. Pero se me hace curioso ver, en el tiempo que he estado en Argentina y Chile, que los anarquistas uruguayos, argentinos y chilenos que se mueven alrededor de grupos como la FORA, el Frente Popular Darío Santillán y otros (o por lo menos los que yo he conocido) expresan más solidaridad –en algunos casos lo hacen suyo- en el conflicto que tienen los vascos (o muchos vascos) con España -entendiéndola dentro de la lucha contra el capitalismo e imperialismo- que los principales grupos anarquistas constituidos en Euskal Herria (o yo mismo). Es más, en los conflictos autóctonos, en todas las luchas donde los indígenas se levantan contra el gobierno colonial no faltan anarquistas, y muchos movimientos anarquistas las reivindicaciones indígenas son de las primeras que defienden.

Está claro: no se pueden comparar las situaciones de los vascos y los indígenas, y la diferencia entre el estatus que tienen los indígenas en sus tierras y el que tienen los vascos es una de las bases de esa grieta.

De hecho, tenemos que ir hasta los comienzos de las reivindicaciones de independencia de Euskal Herria para entender la grieta que hay entre las palabras “vasco” y “anarquista”.

¿Quién creó esa reivindicación a favor de la independencia? La burguesía vasca del siglo XIX, al igual que en otros movimientos nacionalistas de Europa. No es casualidad que lo que desde el principio se defendió (y en eso estaban de acuerdo los que estaban a favor de unirse a España) fueran las diputaciones, es decir, la recaudación de impuestos. En esa época, los enemigos de los vascos, de aquellos que querían la independencia eran los “maquetos”. Pero ¿quiénes eran esos maquetos? Los inmigrantes llegados desde Castilla, Andalucía, Extremadura… Y esos inmigrantes, como los que hoy en día vienen de más al sur, llegaron a Euskal Herria para ser explotados. Fue un doble choque entre las dos sociedades: a nivel cultural y de clase. Porque los nuevos “ocupantes”, además de ser de otra cultura, también eran de otro nivel económico, y morían como moscas en las fábricas y minas de los burgueses vascos.

Si en el caso de América del Sur los explotados y los ocupados son los mismos pueblos indígenas, si les han robado todas las tierras (y entre esos ladrones hay muchos vascos), en Euskal Herria los explotados eran los mismos “ocupantes”. De hecho, los vascos prefirieron huir a América y ser amos y explotadores allí que ser esclavos de otros o humildes obreros. Por lo tanto, en mucho tiempo no hubo clase trabajadora vasca. Difícil, pues, que las reivindicaciones de los obreros y las de los vascos se unieran. La culpa no era de los vascos en general (por un lado, todos los burgueses vascos no estaban a favor de la independencia, y por otro, todos los vascos no eran explotadores o no tenían una clara conciencia de esa explotación), y menos de los trabajadores traídos de fuera. El cimiento de ese abismo fue el mismo estatismo. Los vascos, de la mano de Sabino Arana, abrazaron el estatismo y, así, no supieron ver que aquellos trabajadores inmigrantes eran doblemente víctimas: por un lado, eran víctimas del Estado español del que los vascos querían liberarse, ya que eran pasto de la burguesía española en sus pueblos, y por otro, mientras explotaban su fuerza de trabajo, también eran víctimas de la burguesía vasca que los consideraba invasores en su lucha por un nuevo Estado. A eso hay que añadir el catolicismo que tenía interiorizado hasta los huesos la sociedad vasca, ya que toda idea izquierdista era tomada como herejía. Así, en la época de la República, mientras en Catalunya, Aragón, Asturies… los anarquistas estaban a la cabeza de la revolución social, Euskal Herria, cómo pueblo, quedó fuera de ese movimiento.

En el siglo XX, sin embargo, se creó la clase obrera vasca. Surgió la conciencia de clase también entre los vascos. En ese momento el movimiento obrero vasco podría haberse dirigido hacia el anarquismo, pero entonces también, las principales reivindicaciones de independencia decidieron apostar por un Estado (un Estado socialista, si se quiere, pero un Estado al fin y al cabo) y abrazaron el marxismo. El anarquismo tampoco supo unirse a las reivindicaciones vascas o no quiso. Puede ser que no se viera posible luchar a favor de una independencia sin Estado, o quizá no se quiso mezclar con reivindicaciones que nada tienen que ver con el anarquismo. Tal vez, el purismo tuvo que ver algo en ambos lados: “El anarquismo es el mundo de los que no quieren una Euskal Herria, una nación”; “la independencia no es más que una preocupación burguesa que no trae ningún bien a los trabajadores”. Está claro, el anarquismo no puede soñar con la nación, si la palabra nación quiere decir Estado, enemistad entre pueblos, fronteras, nuevos ejércitos, coto de caza de los capitalistas. Los independentistas difícilmente soñaran con la anarquía, si esto quiere decir tener dependencia y características culturales o relaciones impuestas. Pero ¿la independencia necesita forzosamente un nuevo Estado? ¿Son sinónimos nación y Estado? La nación puede ser una comunidad creada por ciertas características culturales y cercanía o afinidad de voluntades. Así, los independentistas no tienen porqué tener miedo al anarquismo (al contrario que los estatalistas de cualquier país) y los anarquistas no tienen porqué temer a lo vasco.

Podía haber sido de otra manera, ya que en los textos de Proudhon y Bakunin, es decir, en los principios del anarquismo, las manifestaciones contra los grandes Estados centralistas y a favor de los pequeños pueblos que quieren su independencia son incesantes, a la par de las ideas que están en contra del patriotismo que acarrea la explotación de la clase trabajadora. Proudhon expresaba claramente que estaba en contra del proceso de unión de Italia y del mismo Garibaldi, y también del modo centralista de unir Francia (en el libro El principio federativo por ejemplo), apostando en su lugar a favor de una federación libre entre los pueblos. Bakunin también estaba en contra del paneslavismo y pangermanismo, defendía la misma federación entre pueblos (en el trabajo Estatismo y Anarquía sobre todo), y concretamente, en el texto Patria y nacionalidad escribió esto: “La nacionalidad no es un principio; es una hecho verificado, como la individualidad. Es el derecho indiscutible de que cada pueblo, grande o pequeño, sea él mismo y viva según su naturaleza. Ese derecho no es más que el fruto del principio general de libertad”. Por lo tanto, en los principios del anarquismo existía una vía para unirse con la independencia vasca y a su vez, para que el independentismo se uniera con el anarquismo, o para caminar juntos sin desconfianzas, por lo menos, manteniendo cada cual sus reivindicaciones.

Observemos el caso de la India. No quiero compararlo con Euskal Herria, pues no hay por dónde comparar, pero sí quiero examinar el camino de Gandhi (y no justamente para hacer apología a la no-violencia, puesto que el mismo Gandhi dijo que si tuviese que elegir entre cobardía y violencia, prefería la violencia). Gandhi venía de Europa cuando hizo suya la lucha a favor de la independencia de la India. En Europa aprendió nuevas ideas, sobre todo ideas de los movimientos contra el capitalismo y el imperialismo, y más exactamente, las del anarquista ruso Tolstoy. Fue el anarquismo de Tolstoy lo que le enseñó el camino de la resistencia pacífica. Lo que hizo Gandhi al volver a casa fue pasar lo aprendido por el filtro de la identidad india. En casa se dio cuenta de que ciertas ideas anarquistas se podían también encontrar en la cultura india, y así, dio a lucha contra el capitalismo una forma que el pueblo pudiera entender. Siendo él hinduista, es decir, creyente como Tolstoy (pues Tolstoy era cristiano), le pidió al Reino Unido que dejara a la India en “la anarquía de Dios”. Lo que se consideró un nuevo modelo de lucha fue la unión de las ideas anarquistas y la cultura india. Por desgracia, es mejor no mirar a la India de hoy, pues aún habiendo conseguido la independencia, las consecuencias del capitalismo son más duras que nunca (podemos mencionar las semillas transgénicas entre otras cuestiones) y porque el sistema de castas y otros males contra los que él luchó siguen aún en pie. Pero lo que quiero rescatar de ahí es el esfuerzo que Gandhi hizo para la realizar una síntesis entre las ideas teóricas y la realidad local.

La identidad vasca, la historia vasca también tenía cimientos para unirse a las ideas anarquistas. Observemos las características históricas de Euskal Herria, como nos las han contado. ¿Cuál fue la estructura política de los vascos hasta que desde oriente llegaron las primeras grandes invasiones? Eran pequeñas comunidades donde no había dirigentes que se unían solamente para defender su territorio. Sólo entonces elegían un jefe, y éste desaparecía tan pronto como desaparecía el peligro. Tan sólo cuando los peligros de invasiones fueron incesantes, empezaron los vascos a crear estructuras más estables. Pero ¿cuáles fueron las principales características de esas estructuras? Los territorios vascos independientes eran, utilizando el léxico de hoy, territorios federados. Aunque en un momento se convirtieron en Reino de Navarra, el cimiento fue la autonomía de los territorios. El funcionamiento diario era muy parecido al del municipalismo libertario: cada pueblo tomaba sus propias decisiones, con la participación de todos los habitantes (participaciones obligatorias en algunos casos), y elegían y enviaban a las Juntas Generales representantes que informaban de esas decisiones pero que no tenían ningún poder para tomar decisiones sin antes debatir con el pueblo. Todo se basaba en un contrato oral mutuo, pues hasta muy tarde rechazaron los contratos escritos. No voy a entrar en los vicios que con el tiempo se crearon en ese sistema, lo que me interesa es el natural carácter “libre” de los vascos que se suele pregonar. Se habla también muchas veces del modelo de trabajo comunal creado por los agricultores sin esperar la ayuda de ningún Estado. Ahí tenemos también la hipotética sociedad matriarcal (si alguna vez la hubo está claro que debió ser antes de que entrara el cristianismo), o el cooperativismo que en nuestros tiempos está prostituido. Estos rasgos, aunque sea raro, han sido idealizados por la burguesía vasca. Pero aunque los reivindiquen sin creer realmente en su valor, y aunque utilicen estas características para darles una visión romántica y reivindicar el “carácter extraordinario” de los vascos o para demostrar su orgullo (o soberbia), esto también tiene su lado positivo. Los mismos burgueses saben que la gente del pueblo da por buenas esas características, que muy dentro de ellos aman la libertad y la igualdad. Precisamente lo que suelen callar es esto: lo que pudrió desde dentro el sistema foral fue el hambre de dinero, la codicia. Por un lado, muchas tierras se quedaron en manos de muy pocos, empezó a imponerse la lógica del dinero y, cómo esos dueños tenían tierras que no podían trabajar con sus propias manos, es más, como no tenían intención de hacer ellos ese trabajo, empezaron a vivir del trabajo de los arrendatarios. Por otro, la corrupción de las Juntas Generales vino derivada de los intereses comerciales: cuando las antiguas leyes vascas, contrarias a las leyes romanas, se convirtieron en obstáculo, empezaron a surgir las núcleos urbanos, adhiriéndose a los fueros externos, como por ejemplo a de Logroño. Fueron esos villas, que empezaron a crecer por encima de las anteiglesias y acabaron tragándoselas. Así, empezaron a situar los intereses de los mercaderes, los nuevos burgueses, los intereses del dinero por delante de los intereses del pueblo, hasta nuestros días. Es decir, que los que empezaron a reivindicar esas características “extraordinarias” de Euskal Herria fueron justamente los herederos de los que destruyeron esas características. Por lo tanto, ¿por qué no utilizar esas innatas características vascas (si son de verdad o mitificadas es otra cosa) desde el punto de vista anarquista? ¿Por qué no beber de los aspectos más positivos que nos ha dado la tradición vasca, subrayarlos y reivindicarlos desde el anarquismo? ¿Por qué no utilizar la propia mística creada por el nacionalismo en favor favor de la gente del pueblo vasco y en contra de los burgueses, enseñando que lo que destruyó Euskal Herria como nación fue el propio estatismo? Los vascos solamente fueron libres cuando no tenían Estado, y el hecho de crear un Estado (crear el Reino de Navarra) puso la primera piedra para el exterminio de su identidad y sus principios de libertad.

El movimiento anarquista debería ser vanguardia, pero desafortunadamente, en Euskal Herria llega tarde con frecuencia, y cuando llega, lo hace a la sombra de otros. Hemos dejado la iniciativa a otras ideologías, como si tuviésemos vergüenza de mostrarnos. Pero el carácter anarquista, el carácter libertario ha estado muy arraigado en la sociedad vasca humilde, aún sin saber que era libertario. El instinto de rebelión no ha muerto nunca. Quizá sea tiempo de que el anarquismo sea pionero en Euskal Herria. Ya es tiempo de dejar a un lado el dogmatismo, las estériles luchas internas, las pequeñeces que dividen diferentes tendencias, los orígenes, y de que el anarquismo vasco empiece a andar a la pare del anarquismo de otros pueblos, sin menospreciar a los otros y sobre todo a sí mismo. Nos uniremos a otrxs en muchas trincheras y barricadas, y en ellas también tenemos que dejar claro que esas luchas (TAV, autogestión, gaztetxes, antimilitarismo, anti-imperialismo, la libertad de los presos y todas las reivindicaciones que han estado siempre presentes en el anarquismo) nos son totalmente propias. En otros asuntos (el estatismo, el militarismo, el totalitarismo, el capitalismo, la traición de los sindicatos, la propiedad privada…) otros, también algunos que han sido compañeros de lucha, nos tendrán enfrente. Pero mientras que el anarquismo no se una a la realidad de la sociedad vasca, al sentimiento del pueblo o a las características naturales de los vascos, y mientras los vascos no se den cuenta de que los ecos de sus mejores características históricas están en el anarquismo, difícilmente se unirán las palabras “vasco” y “anarquista”. Y creo que hemos perdido muchos años sin poder encontrarnos.

(Traducción de un texto anteriormente publicado en dos artículos en euskera, previos a esta reflexión abierta. La traducción se la debo a los compas de Ekintza Zuzena).

Reflexión abierta sobre el anarquismo en Euskal Herria

Posted in Anarkismoa, Euskal Herria with tags , , on 2009/10/14 by aselluzarraga

(Carta enviada a varias organizaciones libertarias de Hego Euskal Herria)

Hola compañerxs, kaixo guztioi,

Antes que nada me presento. Mi nombre es Asel Luzarraga. Nací en Bilbo y actualmente vivo en Temuco, Chile, capital de la aún rebelde Araucanía. Quería escribiros con la perspectiva que da la distancia y desde las reflexiones que mis contactos con diversos anarquistas de este lado del mundo me han ido aportando. Fue en Buenos Aires primero, con largas charlas en las que yo no podía ser más que un interesado e ignorante oyente, con compas anarquistas argentinos y especialmente un agudísimo uruguayo, gente que desde chica ha militado de las mas diversas maneras a pie de calle, organizando los mas diversos colectivos, que militan hoy en día en agrupaciones como la FORA o el Frente Popular Darío Santillán. Después aquí en Temuco, sobre todo con universitarios libertarios especialmente sensibilizados con la causa mapuche, abriendo nuevas experiencias, creando un pequeño grupo de afinidad…, sintiendo que todo esto no hace más que empezar. Y en todo este tiempo leyendo todos los foros libertarios a los que he tenido acceso y sacudiendo mi ignorancia un poquito con cuantos libros han caído en mis manos, descubriendo en muchos textos lo que hasta entonces no eran sino intuiciones autodidactas propias y dándole vueltas a la cabeza a esa idea que es vivir la anarquía hoy y ahora en el propio entorno y en el propio día a día. A mis 37 años me declaro ignorante, sin argumentos morales para decir a nadie cuál debe ser el camino a ningún lugar, y mucho menos a compas con mucha más experiencia en las luchas que alguien que, como yo, hasta hoy ha aportado al anarquismo poco más que su proyecto literario e intensas discusiones con un entorno de amistades en Euskal Herria muy poco fértil para las ideas libertarias.

Es desde esta postura que humildemente quería compartir algunas reflexiones con colectivos libertarios de una tierra que ahora siento lejana, sabiendo precisamente lo difícil que es ser anarquista hoy en día, no ya en este mundo, sino especialmente en la sociedad vasca.

Hoy escribía un texto en mi blog que les adjunto. Está en euskera, por ser esa la lengua en la que habitualmente escribo, precisamente en un intento de acercar la óptica libertaria a lectores más acostumbrados a otros tipos de ideologías y reflexiones. Espero que entre vosotros haya quienes no tengan problema para leerlo y traducirlo a quienes no se lleven demasiado bien con el euskera, si es que encontráis que valga la pena. (Ahora también disponible en castellano gracias a Ekintza Zuzena).

El origen de mi reflexión es precisamente el desierto que históricamente ha tenido que atravesar y aún atraviesa el anarquismo en Euskal Herria. Pienso que históricamente, y sin la más mínima intención de dar lecciones o pedir cuentas a nadie, por distintos motivos, el anarquismo no se ha sabido acomodar a la idiosincracia vasca, ha vivido mayormente como una corriente importada, foránea, sin raíces en la forma de ser vasca. Más bien, la identidad vasca ha dado la espalda al pensamiento ácrata y los movimientos libertarios no han hecho sentir su unión con la identidad vasca. A esto se une la frustrante división que aqueja al anarquismo dentro y fuera de Euskal Herria. Parece que desde los orígenes del anarquismo una ideología que debía haberse caracterizado por su amplitud de miras, su flexibilidad, su capacidad de adaptación, su auto-revisión constante, su anti-dogmatismo y su escasez de principios incuestionables (es obvio que algunos puntos son inseparables de la propia idea anarquista), así como su compañerismo y solidaridad con todos aquellos que luchan al mismo lado de la barricada, ha terminado destacando en la práctica por repetir la misma rigidez o incluso mayor aún que otras ideologías a las que acostumbramos a calificar de totalitarias.

No pienso que sea necesario ni deseable que todo anarquista confluya en un mismo grupo u organización, pienso que es positiva la coexistencia de colectivos, sindicatos, agrupaciones… diferenciadas; eso enriquece al anarquismo, o debería hacerlo, y da más oportunidades para abordar los problemas desde distintas prácticas, visiones, centros de interés… Pero es triste ver que con demasiada frecuencia esa separación que debería ser más una cuestión organizativa que otra cosa, se torna en posturas irreconciliables, que se hacen la vida imposible las unas a las otras, se enquistan, y finalmente se vuelve una competencia por la pureza o por la cantidad de militantes. Si el anarquismo de por sí tiene ya poca fuerza en nuestra sociedad actual, un anarquismo dividido y además alejado del propio sentir del pueblo en que se quiere asentar, en nuestro caso el vasco, tiene pocas posibilidades de aportar en la dirección que debería.

La cuestión es si lo que nos interesa es más la supremacía teórica de unos postulados o el trabajo práctico y real, en la arena social y política del día a día, para transformar la sociedad desde abajo y lograr una adhesión mayor. Ahí pienso que debería existir un trabajo común, tal vez un tipo de organismo de cooperación entre los distintos colectivos hoy existentes, en el que se olvide si éste viene de la CNT o de la CGT, si milita en estas o aquellas siglas, si se siente más cercano a esta frase de Bakunin o a aquella de Kropotkin… En definitiva, un espacio donde, más allá del pasado de una u otra organización o colectivo, exista una solidaridad mutua entre libertarios y un trabajo real común. Pienso que esa misma discusión, ese mismo esfuerzo de lucha conjunta, esa reflexión, se está dando en el anarquismo de muchos países, y sería bueno que el anarquismo vasco se uniera y tal vez se refundara. No para crear necesariamente un colectivo u organismo nuevo, sino para revisar el aporte del anarquismo a la sociedad concreta en la que se inserta, la vasca, y plantearse cómo transformar esa sociedad: cómo trabajar en el barrio que se llena de inmigrantes desorientados y explotados, de yonquis y de putas, para que ellos mismos creen autogestión barrial horizontal, se empoderen, sean el barrio; como trabajar con los arrantzales, también con esos inmigrantes que cada vez son más en los barcos, y frente a los armadores; cómo trabajar con los agricultores hacia una gestión comunista libertaria de los campos y contra las multinacionales alimentarias; qué ofrecer a los estudiantes frente a Bolonia; cómo organizar a los parados en la autogestión y la cooperación; qué ofrecer desde un punto de vista anarquista a la construcción política y social de Euskal Herria, hacia una vertebración no estatista compatible con el sentimiento cultural y nacional (no en el sentido estatal del término, sino como Bakunin mismo definía la idea de nación) vasco… El anarquismo tiene mucho que ofrecer y sería bueno recuperar una iniciativa que hoy en día está en manos del marxismo.

Me gustaría que esta reflexión pudiera aportar algo a las discusiones que hoy en día pudieran estar sobre la mesa en los distintos colectivos u organizaciones libertarias de Euskal Herria. Si es así, podremos seguir profundizando en los modos para que el anarquismo sea en Euskal Herria una practica diaria que la gente pueda sentir en las calles y que pueda atraer a una población cada vez más alejada de lo que la democracia burguesa de partidos y sindicatos cómplices le ofrece.

Un fraternal saludo roji-negro.

(2009-11-13, La Idea)