Archive for the Oroimen historikoa Category

2084

Posted in Anarkismoa, Errepresioa, Gizartea, Komunikabideak, Kultura, Liburuak, Literatura, Oroimen historikoa, Politika with tags , , , , , , , , , , on 2013/06/16 by aselluzarraga

Ez, Felix Rodrigo Mora ez zen inoiz izan, ez dugu sekula argitaratu, zabaldu edo saldu izen hori daukan inoren libururik. Ez dugu inoiz entzun horrelako izenik. Non diozu entzun duzula???

No, Felix Rodrigo Mora jamás existió, nunca hemos publicado, difundido o vendido ningún libro de alguien con ese nombre. Nunca hemos escuchado un nombre así. ¿¿Dónde dices que lo has escuchado??

Advertisements

El robo de la democracia (II). Un ejemplo de Euskal Herriak: Bizkaia

Posted in Anarkismoa, Euskal Herria, Gizartea, Jatorrizko herriak - Pueblos originarios, Oroimen historikoa, Politika with tags , , , , , , , on 2013/03/10 by aselluzarraga

(Euskara)

Siguiendo el hilo iniciado en el artículo anterior, y para ver lo explicado en él a través de un ejemplo cercano, observaremos el lugar y la evolución que cada modelo político ha tenido en Euskal Herriak, aunque sea sólo a modo de borrador, puesto que daría para largo analizar todo ello en profundidad y detalle. Sin embargo, en primer lugar recordaremos en qué consisten los sistemas políticos principales definidos en todos los textos de filosofía política hasta el s. XIX. Así, desde La República de Platón hasta El contrato social de Rousseau, se distinguieron, en lineas generales, tres sistemas políticos fundamentales: la democracia, la aristocracia y la monarquía.

La democracia es el gobierno a través de la asamblea conformada en igualdad por todxs lxs ciudadanxs (o todxs los que son consideradxs tales) que forman una sociedad, sin ningún tipo de representación. A lo largo de la historia, han existido distintos tipos de democracia, unas de mayor y otras de menor calidad. Así, el derecho a participar de la asamblea puede estar limitado, tal y como sucedía en la Atenas de ciertos períodos, cuando algunas personas (en tal ejemplo las mujeres, los esclavos y los extranjeros) quedan apartadas del sistema de decisión, o pueden estar abiertas a todxs lxs que conforman el pueblo. Por otro lado, las decisiones pueden tomarse por votación y, por tanto, a través del juego de mayorías y minorías, como se hacía en la propia Atenas, o pueden tomarse por consenso de toda la población, como ha sucedido y sucede en numerosas sociedades, tal y como ha estudiado el antropólogo David Graeber. En cualquier caso, en las democracias no hay jefes formales (otra cuestión es que las riquezas y otros criterios clasistas o militares puedan romper esa aparente igualdad y que existan poderes ocultos) y prevalece la horizontalidad, a la hora de discutir y decidir sobre los problemas y retos de la sociedad. Al mismo tiempo, cada cual tan solo habla y decide en su propio nombre. Para llevar a cabo las decisiones de la asamblea pueden existir cargos públicos, y tales cargos públicos pueden ser elegidos por la propia asamblea, rotatorios o decididos de otras diversas formas.

La aristocracia es el gobierno a través de la asamblea constituida por unxs pocxs, una minoría, de lxs ciudadanxs que forman una sociedad, y tal asamblea representa al resto de la ciudadanía y su voluntad. Lxs aristócratas que conforman la asamblea pueden ser elegidxs por todxs lxs ciudadanxs o nombradxs por sorteo o, cuando tal sistema degenera, pueden obtener carácter hereditario. También pueden existir restricciones para ser candidatx, como poseer un mínimo de riquezas, pertenecer a una clase concreta o a ciertas familias, ser miembro de algún partido legal, etc. Una vez nombrados los miembros de la asamblea, tan solo ellos tienen derecho a discutir y decidir sobre las medidas que le serán impuestas al pueblo, y en muchos casos es esa misma asamblea la que elegirá los cargos públicos u otras instituciones que deberán hacer cumplir sus decisiones.

La monarquía es el gobierno de unx solx de entre todxs lxs ciudadanxs que forman una sociedad. La cabeza de gobierno puede ser elegida por la ciudadanía, o puede basarse en el “derecho” de guerra o de herencia, entre otras formas. Así que, todos los sistemas con una sola cabeza de gobierno, aunque tal cabeza sea electiva, son monarquías (diga lo que diga la Wikipedia en castellano).

Sin embargo, la mayoría de modelos que se han conocido a lo largo de la historia son mixtos, como vimos en el artículo anterior. Si nos fijamos en los gobiernos que existen también hoy en el mundo (hay que recordar que siempre me refiero al sistema formal, puesto que otra cuestión es detrás del sistema aparente quién detenta el poder real), veremos que la mayoría son mixtos. Así, por ejemplo, en España, en el máximo nivel, existen dos instituciones monárquicas, el rey y el presidente, y dos instituciones aristocráticas, el Congreso y el Senado (algo similar sucede en Japón, Suecia, Noruega, Bélgica, Dinamarca…). En la Comunidad Autónoma Vasca y en la Comunidad Foral Navarra, también en el máximo nivel -dejando a un lado los niveles superiores citados anteriormente- tenemos una institución monárquica en cada una, ambos lehendakaris, y una institución aristocrática en cada una, los dos parlamentos, y el mismo modelo se repite hacia abajo, en los gobiernos provinciales (el diputado general es una institución monárquica y las Juntas Generales aristocrática) y en los gobiernos municipales (el alcalde es una institución monárquica y el pleno municipal aristocrática). En Francia, Italia o Rusia, por ejemplo, existirían dos instituciones monárquicas, el presidente y el primer ministro, y, si no me equivoco, dos instituciones aristocráticas, los congresos y los senados. En Estados Unidos, Colombia, Venezuela, Ecuador, Argentina, Perú, Chile… algo parecido, una institución monárquica, el presidente de cada lugar, y dos instituciones aristocráticas, los congresos y los senados (si existieran en todos ellos algo así, ya que no conozco el funcionamiento de todos). En China, Vietnam, Laos, Corea del Norte, Cuba, o la antigua Unión Soviética, por ejemplo, existe una institución monárquica, los presidentes, y otra institución aristocrática, las asambleas formadas por los miembros de cada Partido Comunista. La diferencia estriba en que para para poder participar de las instituciones aristocráticas se debe entrar a formar parte de uno de entre varios partidos políticos o de un solo partido, dicho de forma muy simple, dejando de lado si las macropolíticas y micropolíticas de unos y otros nos gustan más o menos. Con posibles excepciones, y con posibles singularidades, encontraremos algo similar en los sistemas de gobierno formales de la mayoría de los Estados del mundo. En algunos casos, para ser parte de la aristocracia habrá que integrarse en algún partido y lograr votos, en otros habrá que ser un alto cargo del ejército, o miembro de máximo nivel de un clan, casta, linaje o religión, o se mezclarán varias de esas características. Para ser monarca, en cambio, se le llame al cargo de cabeza de gobierno rey, príncipe, generalísimo, führer, duce, comandante, emperador, papa, dalai lama, presidente, lehendakari, diputado, alcalde o, echando atrás en la historia, duque, señor, califa, faraón…, de forma parecida a lo anterior, el cargo sera elegido por lxs ciudadanxs con derecho a voto, o escogido por un grupo reducido, o se logrará perteneciendo a una determinada familia.

Sin embargo, ¿dónde están las instituciones democráticas en todos esos lugares? En el mejor de los casos, en las asambleas de vecinos y pueblos que aún sobreviven, aunque en la mayoría de los casos sus competencias sean nulas. De modo que, como se ve, el ansia principal de los sistemas actuales ha sido hacer desaparecer cualquier vestigio de democracia, desde el s. XIX en adelante.

Por otro lado, es interesante y significativo fijarse en nuestra realidad cercana y analizar qué espacio y evolución han tenido las instituciones democráticas, monárquicas y aristocráticas en Euskal Herriak. Sin embargo, para hablar de ello conviene aclarar un asunto relacionado con la lengua. En la evolución de las lenguas, lo más habitual ha sido dar nombre a los elementos extraños o extraordinarios antes que a los más habituales. En euskera eso se ve claramente. Así, el aire, aunque lo respiremos a diario, es invisible, nos rodea en todo momento y, por ello, es más difícil percatarse de la existencia de un elemento como él. Por tanto, no es de extrañar que el euskera no creara palabra alguna para el aire y que, por ello, la debiera tomar del latín. El aire lo sentimos cuando se mueve de forma perceptible, y así tenemos la palabra “haize”, “viento”; lo que lo ensucia también se ve fácilmente, y así también tenemos la palabra “ke”, “humo”. Al parecer, algo similar sucedió en nuestra lengua con los conceptos de paz y guerra. La primera era el estado natural, cotidiano, el que no se veía y, por tanto, el que no necesitaba de un nombre. Por ello, debieron llegar lxs romanxs para que lxs vascxs tomaran de ellxs esa palabra. La guerra, por el contrario, no debía ser habitual, y para esos raros momentos en que surgía sí, lxs vascxs crearon su palabra, “guda”. Por cierto, que esa realidad niega de raíz la teoría que Hobbes ideara para justificar la necesidad del poder absoluto, según la cual el estado natural del ser humano habría sido el de guerra de unx contra todxs. Está claro que la guerra siempre ha sido la excepción, más aún antes de que fueran creados Estados y estructuras fijas. Como en seguida veremos, esta reflexión no es gratuita.

Y es que, según lo poco que podemos saber de la historia antigua, lxs vascxs, mientras vivieron en paz, no crearon estructuras jerárquicas y, según todos los indicios, la organización de sus pequeñas comunidades era horizontal, democrática, siendo las asambleas igualitarias formadas entre todas las personas que conformaban cada comunidad su más antigua y natural institución. Sin embargo, cuando sentían una amenaza militar exterior, para su defensa, se preparaban para la guerra y, en tales ocasiones, y mientras durara la amenaza, elegían al “buruzagi” o jefe, institución monárquica de carácter temporal. Era lo que en latín se denominaba primus inter pares, es decir, el primero entre iguales. Su autoridad desaparecía junto con la guerra. Tales costumbres han estado extendidas durante largo tiempo en muchos pueblos. Así que, la organización original, en el estado habitual, era democrática y no existían instituciones aristocráticas o monárquicas, siendo la última una excepción temporal.

En la medida en que se multiplicaron las amenazas exteriores y se alargaron las situaciones de guerra, la institución monárquica comenzó a estabilizarse, hasta constituirse el Ducado de Vasconia primero y el Reino de Iruña o Pamplona después. Aún así, el jefe que imitando las culturas estatistas del entorno fue llamado primero duque y luego rey, en un comienzo fue elegido por la población, empujada por la necesidad, y, con el correr del tiempo, se basó en la herencia, tal vez porque elegir traía inestabilidad, quizá por pura apatía. Sin embargo, fue el primer paso para que el pueblo perdiera su soberanía. Aún así, en los pueblos, en la vida cotidiana, las instituciones políticas principales siguieron siendo las asambleas o concejos abiertos, es decir, las instituciones democráticas -desconozco si alguna vez las decisiones se basaron en el consenso general o si siempre se tomaron por votación, pero es el segundo modelo el que nos ha llegado-.

Además, para coordinar a los pueblos entre sí, en todos los territorios de Euskal Herriak comenzaron a conformarse las Juntas Generales. En Bizkaia llegaron a existir tres, la de Bizkaia, la de las Encartaciones y la del Duranguesado. En cualquier caso, en un comienzo, las Juntas Generales también se formaron para que fueran una institución democrática. En ellas, en el caso vizcaíno (de otra manera se hacía en otros territorios), cada pueblo tenía un asiento, un voto, pero el representante que acudía no tenía derecho a tomar sus propias decisiones. Por el contrario, los temas a decidir en Juntas Generales eran previamente discutidos en cada asamblea local, y los representantes debían llevar el voto o la opinión ordenada por esas asambleas populares. Así que, fundamentalmente, puede decirse que eran portavoces, en un foro de coordinación. Aún con todo, no faltaron intentos de transformar esa situación para que algunas personas consiguieran el control sobre las Juntas Generales, como cuando se estableció que los representantes enviados a las Juntas Generales obligatoriamente debían saber castellano, para dejar fuera de todas las decisiones a los pueblos pequeños que carecían de castellanohablantes.

Del mismo modo, en Bizkaia también se estableció con el tiempo una institución monárquica, el Señor de Bizkaia, convirtiendo el territorio en Señorío. Sin embargo, su poder era limitado, ejecutivo, y no legislativo, ya que las leyes las seguían decretando las Juntas Generales, y el Señor debía jurar los fueros, es decir, las leyes dadas por el pueblo a sí mismo, para ser aceptado como Señor.

En la medida en que los intentos de invasiones y ataques se hicieron habituales, los linajes o familias que tomaron gusto a la guerra, aquellos a los que dirían parientes mayores o nobles, se fueron fortaleciendo y también llegarían las luchas entre ellos para hacerse con el control de las tierras y los pueblos, las guerras de bandos. De esta manera, los principales enemigos de la democracia y de la propiedad comunal comenzaron a acumular poder; era la casta militar, como en otros muchos lugares de Europa. Esa situación tuvo gran influencia, no sólo en la vida diaria, sino en las propias instituciones. De hecho, en muchos pueblos y villas, junto a las asambleas o concejos abiertos, poco a poco surgieron también concejos cerrados, como en Bilbao. En los concejos cerrados no podía participar cualquiera. Por el contrario, rápidamente los parientes mayores conseguirían repartirse tales concejos entre ellos. Con las armas como principal argumento, consiguieron cambiar progresivamente las leyes y, así, sembraron la semilla de lo que hoy en día son los ayuntamientos. En los pueblos se conformaron plenos municipales cerrados integrados por el alcalde y los concejales y la lucha entre los dos bandos se institucionalizó legalmente, en una lucha de poder inestable. A la par, las asambleas populares o concejos abiertos se volvieron marginales, sólo se convocaban para temas muy puntuales, puesto que la potestad para convocarlas quedó en manos de los nuevos ayuntamientos. Había comenzado la era del gobierno aristocrático en muchos pueblos de Bizkaia y Euskal Herriak. Por otro lado, el pueblo llano buscó refugio en la principal institución militar por encima de la nobleza, es decir, pidieron al Señor (quien para entonces era también Rey de Castilla) que pusiera límite al poder y los desmanes de los parientes mayores.

Como vemos, mientras la esencia de los gobiernos democráticos era el pueblo pacífico, la base de los gobiernos monárquicos y aristocráticos fueron siempre las armas y la guerra en nuestras tierras. El instinto del pueblo civil tendía a la democracia; el instinto militar, hacia la monarquía o la aristocracia. Las bases del pueblo llano eran la igualdad, la horizontalidad y la propiedad comunal, las de las elites la jerarquía, el poder y la propiedad privada. No es extraño, por tanto, que en la medida en que en las villas se fue desarrollando una burguesía adinerada y codiciosa, tal burguesía recién nacida y las familias nobles se unieran y se organizaran mano a mano. En la misma medida en que la burguesía rica buscó imitar las costumbres, influencia y apellidos de la nobleza, muchos nobles buscaron introducirse en los negocios, aburguesarse y reunir capital. Lxs burgeses y nobles que supieron adaptarse a los nuevos tiempos lograrían salir adelante y controlar los pueblos, formar la auténtica aristocracia.

Sin embargo, aunque con dificultades, algunas instituciones democráticas, algunos concejos abiertos, lograron subsistir hasta el s. XIX, con sus competencias cada vez más cercenadas, siempre en tensión con las instituciones monárquicas y aristocráticas. Las primeras eran el último escollo para las segundas, y había que hacerlas desaparecer. Y lograron un éxito total gracias a la política liberal burguesa y al nuevo constitucionalismo del s. XIX. En Francia se cortaron las cabezas de algunos monarcas y se pusieron otros monarcas a la cabeza, aunque fuera con el nombre de presidente, y se cortó la cabeza de algunxs aristócratas y otros aristócratas llenaron los parlamentos y demás instituciones -algo similar sucedería algo más de un siglo después en Rusia-. Nobles los primeros, burgueses o nobles convertidos en burgueses los segundos. En España ni siquiera necesitaron cortar cabezas, aunque existieran guerras de poder, y la solución “civilizada” fue duplicar la cabeza, la monarquía (al igual que “tras” el Franquismo, en España lxs aristócratas del viejo sistema han mostrado a menudo ser expertxs en integrarse en las nuevas aristocracias). Por otro lado, los procesos de ambos Estados escribieron también el destino de Euskal Herriak. Abajo, cada vez más abajo, el pueblo, enterrados los últimos vestigios de su soberanía, de la democracia. Hoy en día, con nombre de democracia entre nosotrxs solamente han quedado la monarquía (rey, presidentes, primer ministro, lehendakaris, diputados generales, alcaldes…) y la aristocracia (parlamentarixs, senadorxs, junterxs, concejalxs…) que han aplastado la única verdadera democracia. Dejando a un lado la corona española, hay una única manera de llegar a esa monarquía y a esa aristocracia: los partidos políticos.

¿Qué queremos para el futuro, una Euskal Herria monárquica y aristocrática, o Euskal Herriak democráticas? ¿Instituciones estatales verticales y participación política totalmente restringida, o instituciones democráticas y horizontales soberanas y federadas pueblo a pueblo?

Demokraziaren lapurreta (II). Euskal Herrietako adibide bat: Bizkaia

Posted in Anarkismoa, Euskal Herria, Gizartea, Oroimen historikoa, Politika with tags , , , , , , , on 2013/03/09 by aselluzarraga

(Castellano)

Aurreko artikuluan hartutako ildoari jarraituz, eta han azaldutakoa gertuko adibide batean ikusteko, Euskal Herrietan eredu politiko bakoitzak izan dituen tokia eta bilakaera ikusiko ditugu, zirriborro gisa baino ez bada ere, luze joko bailuke hori guztia sakon eta xehetasunez aztertzea. Lehenbizi, ordea, XIX. mende arteko filosofia politikoari buruzko testu guztiek definitutako sistema politiko nagusiak zertan dautzan gogoratuko dugu. Hala, Platonen Errepublikatik Rousseauren Gizarte-kontratua ospetsuraino, hiru sistema politiko nagusi bereizi ziren, oro har: demokrazia, aristokrazia eta monarkia.

Demokrazia gizarte bat osatzen duten herritar guztiek (edo herritartzat hartzen diren guztiek) berdintasunean osatutako batzarraren bidezko gobernua da, inolako ordezkaritzarik gabea. Historian, hainbat demokrazia mota egon dira, kalitate handiagokoak batzuk, txikiagokoak besteak. Hala, batzarrean parte hartzeko eskubidea mugatua izan daiteke, hala nola garai batzuetako Atenasen, pertsona batzuk (adibide horretan emakumeak, esklaboak eta atzerritarrak) erabakitzeko sistematik kanpo geratzen direnean, edo herria osatzen duten guztientzat zabalik egon daiteke. Halaber, erabakiak botoen bidez eta, beraz, gehiengoen eta gutxiengoen jokoaren bidez, har daitezke, Atenasen bertan egiten zen bezala, edo herritar guztien adostasunaren bidez har daitezke, David Graeber antropologoak ikertu dituen beste hainbat gizartetan gertatu eta gertatzen den bezala. Edozelan ere, demokrazietan ez dago buruzagi formalik (beste kontu bat da aberastasunek eta bestelako irizpide klasistek edo militarrek itxurazko berdintasun hori apurtu ahal izatea eta ezkutuko botereak ere egotea) eta horizontaltasuna da nagusi, gizartearen arazoak eta erronkak eztabaidatu eta haiei buruz erabakitzeko orduan. Era berean, nork bere buruaren izenean baino ez du hitz egiten eta erabakitzen. Batzarraren erabakiak gauzatzeko kargu publikoak egon daitezke, eta kargu publiko horiek batzarrak berak hautatuta, txandaka edo beste zenbait modutan erabaki daiteze.

Aristokrazia gizarte bat osatzen duten herritarretatik bakan batzuek, gutxiengo batek osatutako batzarraren bidezko gobernua da, eta batzar horrek gainontzeko herritarrak eta haien nahia ordezkatzen ditu. Batzarra osatzen duten aristokratak herritar guztiek hautatuak edo zozketaren bidez atereak izan daitezke edo, sistema degeneratzen denean, oinordetzan oinarritu daitezke. Mugak ere egon daitezke hautagai izateko, hala nola gutxieneko ondasunak edukitzea, klase jakin batekoa edo familia batzuetakoa izatea, legezko alderdietako bateko kidea izatea, etab. Behin batzarkideak izendatutakoan, haiek baino ez daukate eskubidea herriari ezarriko zaizkion neurriak eztabaidatu eta erabakitzeko, eta kasu askotan batzar horrek berak hautatuko ditu bere erabakiak betearaziko dituzten kargu publikoak edo bestelako erakundeak.

Monarkia gizarte bat osatzen duten herritar guztien arteko bakar baten gobernua da. Gobernuburua herritarrek hautatua izan daiteke, edo gerra edo oinordetza “eskubidea”n oinarritu daiteke, besteak beste. Beraz, gobernuburu bakarreko sistema guztiak, gobernuburu hura hautatua bada ere, monarkiak dira (gaztelerazko Wikipediak zer dioen ere).

Historian, ordea, ezagutu diren eredu gehienak mistoak izan dira, aurreko artikuluan ikusi genuenez. Egun ere munduan dauden gobernu sistemei erreparatuz gero (sistema formalaz ari naizela gogoratu behar da, beste kontu bat baita itxurazko sistemaren atzean boterea benetan nork daukan), ikusiko dugu gehienak mistoak direla. Hala, esaterako, Espainian maila gorenean erakunde monarkiko bi daude, erregea eta presidentea, eta erakunde aristokratiko bi, kongresua eta senatua (antzera gertatzen da Japonian, Suedian, Norvegian, Belgikan, Danimarkan…). Euskal Autonomia Erkidegoan eta Nafarroako Foru Erkidegoan ere maila gorenean -arestian aipatu goragoko mailakoak alde batera utzita- erakunde monarkiko bana daukagu, lehendakari biak, eta erakunde aristokratiko bana, legebiltzar biak, eta eredu bera errepikatzen da beherantz, lurralde gobernuetan (ahaldun nagusia erakunde monarkikoa da eta Batzar Nagusiak aristokratikoa) eta udal gobernuetan (alkatea erakunde monarkikoa da eta udalbatza aristokratikoa). Frantzian, Italian edo Errusian, esaterako, erakunde monarkiko bina leudeke, presidentea eta lehen ministroa, eta beste erakunde aristokratiko bina, oker ez banago, kongresuak eta senatuak. Estatu Batuetan, Kolonbian, Venezuelan, Ekuadorren, Argentinan, Perun, Txilen… ere antzera, erakunde monarkiko bana, tokian tokiko presidentea, eta erakunde aristokratiko bina, kongresuak eta senatuak (guztietan halakorik balego, ez baititut denak ezagutzen). Txinan, Vietnamen, Laosen, Korean, Kuban edo garai bateko Sobiet Batasunean, esaterako, erakunde monarkiko bana dago, presidenteak, eta erakunde aristokratiko bana, tokian tokiko Alderdi Komunistako kideek osatutako batzarra. Aldea erakunde aristokratikoetan parte hartu ahal izateko zenbait alderdiren arteko baten batean edo alderdi bakar batean sartu beharra litzateke, era oso sinplean esanda, alde batera utzita batzuen edo besteen makropolitikak eta mikropolitikak gehiago ala gutxiago gustatzen zaizkigun. Salbuespenak salbuespen, eta berezitasunak berezitasun, antzeko zerbait aurkituko dugu munduko Estatu gehienetako gobernu sistema formaletan. Kasu batzuetan, aristokraziaren parte izateko alderdiren batean sartu eta botoak jaso beharko dira, beste batzuetan armadako goi kargua izan beharko da, edo klan, kasta, leinu edo erlijio bateko goi mailako kidea, edo ezaugarri horietako batzuk nahastuko dira. Monarka izateko, ordea, gobernuburu karguari errege, printze, jeneralisimo, führer, duce, komandante, enperadore, aita santu, dalai lama, presidente, lehendakari, ahaldun, alkate edo, historian atzerago eginda, duke, jaun, kalifa, faraoi… esan, aurrekoaren antzera, kargua boto eskubidea duten herritarrek hautatuta, zein talde itxi batek hautatuta, zein familia jakin batekoa izanda eskuratuko da.

Non daude, ordea, erakunde demokratikoak toki horietan guztietan? Kasurik onenean, oraindik bizirik dauden herri- eta auzo-batzarretan, gehienetan haien eskumenak hutsaren hurrengo izan arren. Beraz, ikusten denez, gaur egungo sistemen grina nagusia demokraziaren aztarna oro desagerraraztea izan da, XIX. mendeaz geroztik.

Interesgarria eta esanguratsua da, ordea, gure gertuko errealitateari erreparatu eta Euskal Herrietan erakunde demokratikoek, monarkikoek eta aristokratikoek zer toki eta zer bilakaera izan duten aztertzea. Horri heltzeko, bestalde, hizkuntzari lotutako kontu bat argitzea komeni da. Hizkuntzen bilakaeran, ohikoena bitxiak edo ezohikoak diren elementuei ohikoenei baino lehenago izena jartzea da. Euskaran argi ikusten da hori. Hala, airea, egunero arnasten badugu ere, ikusezina da, uneoro inguratzen gaitu eta, hala, zailagoa da halako elementua badela ere jabetzea. Hortaz, ez da arraroa euskarak airearentzat hitzik sortu ez izana eta, beraz, latinetik hartu behar izan bide zuen. Aireari era nabarmenean mugitzen denean igartzen diogu, eta hala “haize” hitza badaukagu, edo hura zikintzen duena ere erraz ikusten dugu, eta hala “ke” hitza ere badaukagu. Dirudienez, antzeko zerbait gertatu zen gure hizkuntzan bakearekin eta gudarekin. Lehenengoa berezko egoera zen, egunerokoa, normaltasuna, ikusten ez zena eta, beraz, izenik behar ez zuena. Horregatik, erromatarrek iritsi behar izan zuten euskaldunek hitz hori beregana zezaten. Guda, ordea, ezohikoa ei zen, eta sortzen zen une arraro horietarako bai, hitza sortu zuten euskaldunek. Horrek, bestalde, errotik gezurtatzen du Hobbesen teoria, botere absolutuaren beharra zuritzeko asmatu zuena, zeinen erabera, gizakien berezko egoera, natura egoera, baten guztien aurkako gerra bailitzateke. Argi dago gerra beti izan dela salbuespena, are gehiago Estatuak eta gizarte egitura finkoak sortu baino lehen. Laster ikusiko dugunez, hausnarketa hau ez da debaldekoa.

Izan ere, antzinako historiaz jakin dezakegun apurraren arabera, euskaldunek, bakean egon ziren bitartean, ez zuten egitura hierarkikorik sortu eta, zantzu guztien arabera, haien komunitate txikien antolakuntza horizontala zen, demokratikoa, komunitate bakoitza osatzen zuten guztien arteko berdintasuneko batzarrak izanik haien erakunderik zahar eta berezkoena. Kanpoko mehatxu militarra sentitzen zutenean, ordea, euren defentsarako, gudarako prestatu, eta halakoetan, eta mehatxuak ziraueino, buruzagia, aldi baterako erakunde monarkikoa, hautatzen zuten. Latinez primus inter pares deritzon pertsona zen, hots, lehena berdinen artean. Haren agintea gerrarekin batera desagertzen zen. Halako ohiturak herri askotan egon dira hedatuta luzaroan. Beraz, jatorrizko antolakuntza, ohiko egoeran, demokratikoa zen eta ez zegoen erakunde aristokratikorik edo monarkikorik, azkena aldian aldiko salbuespena izanik.

Kanpoko mehatxuak ugaldu eta guda egoerak luzatu ahala, erakunde monarkikoa egonkortzen hasi zen, Baskoniako Dukerria lehenago, eta Iruñeko Erresuma gero eratu arte. Hala ere, inguruko kultura estatistak imitatuz lehenago duke eta gero errege izendatutako buruzagia, hasiera batean, herritarrek hautatua izan zen, premiak bultzatuta, eta, denboraren poderioz, oinordetzan oinarritu zen, hautatzeak ezegonkortasuna zekarrelakoan, behar bada, edo apatia hutsez, agian. Herriak bere burujabetasuna galtzeko lehen urratsa izan zen, ordea. Hala ere, herrietan, eguneroko bizimoduan, batzar irekiak edo kontzejuak izan ziren erakunde politiko nagusiak, hots, erakunde demokratikoak -ez dakit erabakiak inoiz herritar guztien adostasunean oinarritu ziren ala botoaren bidez hartu ote ziren beti, baina bigarren eredua da iritsi zaiguna-.

Bestalde, herriak euren artean koordinatzeko, Euskal Herrietako lurralde guztietan Batzar Nagusiak osatzen hasi ziren. Bizkaian hiru ere egon ziren, Bizkaikoak, Enkarterrietakoak eta Durangaldekoak. Dena dela, hasiera batean, Batzar Nagusiak ere erakunde demokratikoa izateko osatu ziren. Bertan, Bizkaiaren kasuan (bestela zen beste lurraldeetan), herri bakoitzak jesarleku bat zeukan, boto bat, baina hara zihoan ordezkariak ez zeukan eskubiderik bere kabuz erabakitzeko. Aitzitik, Batzar Nagusietan erabaki beharreko gaiak tokian tokiko batzarretan eztabaidatzen ziren lehenago, eta herri-batzar horiek agindutako botoa edo iritzia eraman behar zituzten ordezkariek. Batez ere, beraz, bozeramaileak zirela izan daiteke, koordinazio erakunde batean. Hala ere, ez ziren falta izan egoera hori aldatu eta batzuek Batzar Nagusien kontrola eskuratzeko ahaleginak, hala nola Batzar Nagusietara bidalitako ordezkariek derrigorrez gazteleraz hitz egiten jakin behar zutela xedatu zenean, herririk txikienak eta erdaldunik ez zutenak erabaki guztietatik kanpo uzteko.

Era berean, Bizkaian ere erakunde monarkikoa ezarri zen denboraren poderioz, Bizkaiko Jauna, lurraldea jaurerri bihurtuz. Haren botera, ordea, mugatua zen, betearazlea, eta ez legegilea, legeak Batzar Nagusiek egiten baitzituzten, eta Jaunak foruak, hots, herriak bere buruari emandako legeak, beteko zituela zin egin behar zuen Jaun onar zezaten.

Inbasio saioak eta erasoak ohiko bihurtu ziren heinean, gerrari gustua hartu zioten leinuak edo familiak hasi ziren sendotzen, ahaide nagusiak edo aitonen semeak esango zietenak, eta lurren eta herrien kontrola izateko elkarren aurkako gerrak ere etorriko ziren, bandoen gerrak. Hala, demokraziaren eta jabetza komunalaren etsai nagusiak hasi ziren boterea pilatzen, kasta militarra, Europako beste toki askotan legez. Horrek, eguneroko bizimoduan ez ezik, erakundeetan ere izan zuen eragin handia. Izan ere, herri eta hiri askotan, herri-batzar edo kontzeju irekien ondoan, pixkanaka kontzeju itxiak ere agertu ziren, hala nola Bilbon. Kontzeju itxietan ezin zuen edonork parte hartu. Aitzitik, ahaide nagusiek kontzejuak euren artean banatzea lortuko zuten laster. Armak argudio nagusia izanda, legeak pixkanaka aldatzea lortu zuten eta, horrela, egun dauzkagun udalen hazia erein zuten. Herrietan alkateak eta zinegotziek osatutako udalbatza itxiak eratu eta legez bando bien arteko borroka instituzionalizatu zen, botere oreka ezegonkor batean. Neurri berean, herri-batzarrak edo kontzeju irekiak bazterrekoak bihurtu ziren, gai oso jakin batzuetarako baino ez zituzten deitzen, haiek deitzeko eskumena udal berrien esku geratu baitzen. Gobernu aristokratikoaren garaia hasia zen Bizkaiko eta Euskal Herrietako herri askotan. Herri xumeak, ordea, ahaide nagusien gaineko erakunde militar nagusian bilatu zuen aterpea, hots, Jaunari (ordurako Gaztelako Errege ere zenari) eskatu zion ahaide nagusien boterea eta haien gehiegikeriak muga zitzala.

Ikusten dugunez, gobernu demokratikoen funtsa herri baketsua zen bitartean, gobernu monarkikoen eta aristokraten funtsa armak eta guda izan ziren beti gure lurretan. Herri zibilaren senak demokraziarantz jotzen zuen; sen militarrak, monarkiarantz edo aristokraziarantz. Herri xumearen oinarriak berdintasuna, horizontaltasuna eta jabetza komunala izan ziren, eliteenak hierarkia, boterea eta jabetza pribatua. Ez da arraroa, beraz, hirietan burgesia diruduna eta diruzalea garatu ahala, burgesia jaioberri horrek eta aitonen semeen familiek bat egitea eta elkarrekin antolatzea. Burges dirudunek ahaide nagusien ohiturak, itzala eta abizenak bilatu zituzten neurri berean, aitonen seme askok negozioetan sartu, burgestu eta kapitala egitea bilatu zuten. Garai berrietara egokitzen jakin zuten burgesek eta aitonen semeek lortuko zuten aurrera egin eta herriak kontrolatzea, benetako aristokrazia osatzea.

Kostata bada ere, ordea, erakunde demokratiko batzuek, batzar ireki batzuek, XIX. mendea arte irautea lortu zuten, eskumenak gero eta inausiago, erakunde monarkiko eta aristokratikoekin tentsioan beti. Lehenak ziren erakunde bigarrenen azken oztopoa, desagerrarazi beharrekoa. Eta erabateko arrakasta lortu zuten XIX. mendeko politika liberal burgesari eta konstituzionalismo berriari esker. Frantzian monarka batzuen burua moztu eta beste monarka batzuk jarri ziren buru, presidente izenez bada ere, eta aristokrata batzuen burua moztu eta beste aristokrata batzuek bete zituzten parlamentuak eta bestelako erakundeak -antzera gertatuko zen mende bat pasatxo geroago Errusian-. Nobleak lehenak, burgesak edo burges bilakatutako nobleak bigarrenak. Espainian ez zuten buruak moztu beharrik ere izan, botere gerrak egon arren, eta burua, monarkia, bikoiztea izan zen irtenbide “zibilizatua” (Frankismoaren “ondoren” bezala, Espainian sistema zaharreko aristokratak aristokrazia berrietan integratzen maisu direla erakutsi dute maiz). Estatu bietako prozesuek, bestalde, Euskal Herrien patua ere idatzi zuten. Behean, gero eta beherago, herria, bere burujabetzaren, demokraziaren azken aztarnak betiko lurperatuta. Egun, demokraziaren izenez benetako demokrazia bakarra zapaldu duten monarkia (erregea, presidenteak, lehen ministroa, lehendakariak, ahaldun nagusiak, alkateak…) eta aristokrazia (parlamentariak, senatariak, legebiltzarkideak, batzarkideak, zinegotziak…) baino ez dira geratu gure artean. Espainiako erregetza alde batera utzita, monarkia eta aristokrazia horietara iristeko bide bakarra: alderdi politikoak.

Etorkizunerako zer gura dugu, Euskal Herri monarkiko eta aristokratikoa, ala Euskal Herri demokratikoak? Estatu erakunde bertikalak eta parte-hartze politiko erabat murriztua, ala herriz herriko erakunde demokratiko eta horizontal burujabe eta federatuak?

El robo de la democracia (I)

Posted in Anarkismoa, Gizartea, Oroimen historikoa, Politika with tags , , , , , , , , , , , on 2013/01/29 by aselluzarraga

(Euskara)

Los últimos meses he andado dándole vueltas a una idea, esperando el momento de hincarle el diente, y hoy me ha parecido un día adecuado para dar salida a ese retoño, después de escuchar lo que he escuchado en la televisión chilena al hilo de una de esas cumbres que se está llevando a cabo en Santiago de Chile. Al parecer, se ha creado una gran polémica porque según dicen van a nombrar a Raúl Castro presidente de no se qué organización internacional. A cuenta de eso, políticos de partidos ultraderechistas, acaudaladxs ciudadanxs y cabezarapadas de algunos grupos neo-nazis han desfilado de unx en unx por el noticiero de la televisión de ese país, para proclamar, unánimemente, que Raúl Castro es un dictador y que lo de Cuba es una dictadura -además resultaba chistoso, en un país como Chile, escuchar a las mismas personas que justifican o incluso alientan la más brutal represión contra mapuches, anarquistas y todo tipo de disidencia, hablando de violaciones a los derechos humanos-. Igualmente, la mayoría -salvo los neo-nazis- coincidían en proclamar que un país, para ser democrático, necesitaba partidos políticos. No voy a decir yo si Cuba es o no es una dictadura, está claro que no es una democracia, como en breve explicaré, pero, si nos atenemos al verdadero significado de democracia, tal vez nos demos cuenta de que Cuba mantiene espacios más democráticos que todos esos países que suelen tomarse por tales, puesto que las asambleas de pueblos y barrios aún tienen una cierta intervención política en Cuba, mientras que en otros países se hicieron desaparecer hace mucho tiempo todos los vestigios de ese tipo, precisamente para que el sistema actual se pudiera imponer. Y es que la cuestión no es si Cuba, Chile, los Estados Unidos, China, España, Argentina, Venezuela, Francia, Irán, Egipto, Israel… son o no dictaduras. La cuestión es ver si uno solo de ellos es siquiera democrático. Y precisamente eso intentaré aclarar aquí, porque veremos claramente que en la mayoría de ellos, es decir, en todos los que se declaran a sí mismos democráticos, lo que tenemos es uno de los mayores robos de la historia. Porque ellos comenzaron la guerra de los nombres y, hasta ahora, ellos la han ganado.

Para comprenderlo, es muy interesante adentrarse en la historia -en la de verdad, no en esa que se ha escrito para el adoctrinamiento escolar y universitario- y en la filosofía, y echar mano de los nombres y definiciones que han tenido los distintos sistemas políticos desde que comenzaron a escribirse las primeras teorías políticas. Me temo que pueda salirme un artículo demasiado largo, y por eso voy a dejar de lado varios temas marginales que me rondan por la cabeza y voy a intentar limitarme a los puntos más importantes. El/la lector/a me perdonará que no de las citas concretas de los autores que traeré a colación, creo que es labor de cada cual investigar por sí mismx la posible verdad que hay tras cualquier cosa que lea. Por desgracia, leer filosofía de primera mano está muy denostado -con toda intención denostado, de hecho- en nuestra cultura actual, y nuestro conocimiento se suele limitar a la poda que nos inculcan en las escuelas. Ante ello, quisiera animar a el/la lector/a a leer completos los textos históricos de la filosofía, pues creo que son imprescindibles para entender mejor de dónde vienen y cómo se han transformado o deformado nuestra sociedad actual y las ideas, conceptos y “verdades” imperantes hoy en día. El presente artículo tan solo reflejará mi opinión temporal, y más recomendable que limitarse a ella es que cada cual tenga a mano todas las herramientas para forjarse su opinión completa, pues cada unx interpreta a su manera lo que lee.

Hecha esa observación, entraré en la división de sistemas que han realizado los principales pensadores que han escrito históricamente sobre filosofía política. Así, empezando desde Platón, en su República, y siguiendo con Aristóteles, en su Política, encontraremos tres sistemas principales: democracia, aristocracia y monarquía. Igualmente, los filósofos clásicos y sus continuadores también mencionaron las desviaciones o degradaciones de esos tres sistemas: demagogia unas veces, anarquía otras, en cuanto a la democracia, oligarquía, para la aristocracia, y tiranía, en cuanto a la monarquía. Platón y Aristóteles, y la mayoría de los teóricos que vinieron tras ellos, como Maquiavelo, Hobbes, Locke o el mismo Rousseau, cada cual según sus razonamientos y con todos los matices que se quiera, no fueron muy proclives a la democracia. De hecho, Platón y Aristóteles siempre despreciaron al pueblo. No es raro, si tenemos en cuenta, por ejemplo, y sobre todo para Platón, que trabajar -especialmente ser asalariadx- era cosa de siervxs, no de personas libres, y consideraban totalmente legítimo tener esclavxs y que, siguiendo sus visiones éticas y filosóficas, consideraban ignorantes y hasta brutxs al pueblo llano, trabajadorxs y campesinxs. Así, en la dictadura perfecta diseñada por Platón, osea, en su república, los filósofos estaban llamados a gobernar, tomando como baluarte lxs guardianxs o guerrerxs que debían vivir en una muy especial y obligatoria forma de comunismo, y el engaño y la manipulación eran armas imprescindibles para gobernar al pueblo y que éste se conformara con su suerte. Aristóteles era más flexible, y aunque se posicionara más hacia la aristocracia y no fuera muy devoto de la democracia, su Política era principalmente un método para hacer perdurar al Estado, cualquiera que fuese su sistema político -en cuanto al rol de las mujeres, en cambio, al contrario de la posición favorable a la igualdad mostrada por Platón, la política de Aristóteles estaba guiada por una misoginia total-. Algo similar hizo siglos más tarde Hobbes en su famoso Leviatán: aunque él apoyara claramente la monarquía absoluta y toda su teoría fuera tejida para justificarla, el objetivo principal era el propio Estado, y así, denigró sin paliativos cualquier menoscabo del Estado, fuera su gobierno monarquía, aristocracia o democracia -los dos últimos incluidos en el grupo de asambleas soberanas-.

Pero, ¿en qué consistían esos tres sistemas principales? En los textos de todos los teóricos de la historia, veremos que al definirlos todos coincidían… hasta que en el s. XVIII la burguesía liberal o ilustrada robara la Revolución Francesa al pueblo, impusiera su doctrina, dominante aún hoy en día, y llevara a término una prostitución sistemática de los nombres.

Así, para Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Hobbes, Locke y Rousseau, por seguir las teorías de los antes mencionados, democracia era el gobierno a través de asambleas soberanas de toda la ciudadanía. Para que tal gobierno sea democrático, debe estar abierto a absolutamente todxs aquellxs que tengan la ciudadanía, y en tales asambleas deben participar todxs en igualdad. Otro tema es a quién se le reconoce la ciudadanía y, por tanto, el derecho a participar en la política democrática. La aristocracia, en cambio, a pesar de ser un sistema también asambleario, se limita a la participación directa de unxs pocxs. Es decir, es el sistema político basado en la participación política de algunxs de lxs que tienen ciudadanía, de una minoría. Quienes participan en el gobierno, osea, lxs aristócratas, pueden ser elegidos por el propio pueblo o, a consecuencia de una degradación del sistema, puede basarse en el derecho hereditario de quienes se escogieron en un cierto tiempo, entre otras formas. También existieron otros modos de limitar el derecho a participar, como poseer una riqueza mínima. Por tanto, originalmente y de por sí, la aristocracia no está ligada a los títulos de nobleza y es el gobierno de “lxs mejores”. Originalmente, el propio pueblo debía elegir quiénes eran “lxs mejores”, en base a las habilidades y virtudes de lxs candidatxs. Por último, la monarquía es el gobierno de una sola persona. Puede aceptar la existencia de asambleas, por ejemplo, para aconsejar, pero la potestad para tomar la decisión final reside en el/la monarca o en quien él/ella delegue.

Igualmente, en aquellos mismos primeros trabajos teóricos de Platón y Aristóteles se veía claramente que el eje fundamental en los tres sistemas es la tensión entre lxs de arriba y lxs de abajo, es decir, entre ricxs y pobres. Así, en principio, la democracia estará más ligada a lxs pobres, y la aristocracia y la monarquía a lxs ricos. Los filósofos clásicos vieron con nitidez que la razón principal de desestabilidad política era el choque de intereses de ricxs y pobres. En ese punto, es especialmente interesante el trabajo de Aristóteles, puesto que investigó las razones para que cada sistema se desintegrara. De este modo, aunque su objetivo fuera otro, podemos sacar una conclusión: la principal razón para que la democracia quede en manos de la demagogia (actual populismo) y dé el salto a la tiranía es la permanencia de la propiedad privada, es decir, de la desigualdad económica. Eso, a su vez, nos lleva directamente a otra conclusión: la democracia sólo puede persistir si se establece el comunismo económico y, por tanto, una vez establecida aquella, hay que dar también el paso de la abolición de la propiedad privada. El anarquismo, el comunismo libertario principalmente, vio esa realidad claramente.

Entre los autores citados, Aristóteles y Rousseau coincidirían, más o menos, en cuanto a la democracia, al menos teóricamente: podría ser el más bello sistema, pero es imposible. En palabras de Rousseau, la democracia sólo es posible entre dioses. Así, dando la democracia por inalcanzable, entre líneas ambos se decantaron en favor de la aristocracia.

Casualmente, fueron Rousseau y su Contrato social quienes fijaron el norte a la burguesía liberal o ilustrada. Cuando la burguesía y una buena parte de la nobleza francesa hicieron uso de la fuerza del pueblo y, al igual que el partido bolchevique en la posterior Revolución Rusa, decidieron dónde había que poner freno al impulso popular -entre otras cosas, denominando anarquistas a los sans-culottes que querían ir más allá e instaurar una democracia-, dando por finalizada la Revolución Francesa, tuvieron que diseñar el sistema político, social y económico a su medida. De hecho, tal era la única intención que albergaron desde un principio para empujar a la revolución: desarticular un sistema político que había quedado obsoleto e instaurar un sistema más moderno, más adecuado para el capitalismo en ciernes, para que sus negocios florecieran más fácilmente y poder llevar a cabo la industrialización sin que el pueblo la obstaculizara.

Efectivamente, casi todos los sistemas que existieron hasta entonces, tal y como reconocían la mayoría de los teóricos, eran mixtos. En casi todos se mezclaban componentes democráticos, aristocráticos y monárquicos, según la historia de cada pueblo, más o menos escorados hacia la democracia, hacia la aristocracia o hacia la monarquía. Así, en casi toda la Europa feudal, en muchos periodos históricos existieron instituciones democráticas en las asambleas o concejos abiertos de muchos pueblos y ciudades, instituciones aristocráticas en muchos pueblos y ciudades, a veces incluso coexistiendo en los mismos, en las asambleas o concejos cerrados y en algunas cortes y parlamentos, e instituciones monárquicas de la mano de los reyes y reinas, duques y duquesas, príncipes y princesas o señores y señoras de cada país.

Sin duda, tales sistemas mixtos significaban un gran escollo para la burguesía y la nobleza ilustrada. Por un lado, la monarquía ponía un techo desde arriba a sus deseos, y en su mano quedaban la recaudación de impuestos, la labor legislativa y el control de los principales ejércitos, entre otras cuestiones. Por otro, las asambleas y concejos abiertos también les ponían límites desde debajo, principalmente, porque unida a la soberanía de las asambleas abiertas estaba la propiedad comunal de muchas tierras, y para llevar adelante la industrialización existía demasiada mano de obra ligada aún al mundo rural, y si no conseguían acumular la propiedad de la tierra en pocas manos esa población no daría el paso del campo a la ciudad. Había que terminar con las dos a la vez y, para eso, el sistema político formal ideal era el sugerido por el propio Rousseau: la república aristocrática. Pensado y hecho, aunque en muchos casos no tuviera grandes problemas para convivir con vestigios de monarquías, puesto que el principal obstáculo no estaba por arriba, sino por abajo. Sin embargo, lo del nombre tenía tela. De hecho, los últimos siglos la palabra aristocracia se había ido viendo cada vez más ligada a la nobleza, y se suponía que la revolución había eliminado los privilegios de la nobleza, es decir, la aristocracia misma en el vocabulario de la época. Por tanto, el pueblo que había puesto su sangre para destruir el viejo sistema, difícilmente iba a tragar un sistema político que llevara el nombre de aristocracia y, además, eso habría dejado al desnudo que el poder se repartiría entre unos pocos y que se pretendía eliminar los últimos vestigios de democracia para siempre. La intención de una aristocracia formal quedaba muy alejada de los objetivos que el pueblo había tenido para empuñar las armas, y en la memoria histórica popular la experiencia de combatir al poder y ganarle por las armas estaba aún demasiado cercana. Los ilustrados debían hacer creer a la ciudadanía humilde, disfrazándolo bajo esas bellas palabras de “libertad, igualdad y fraternidad”, que darían democracia al pueblo, y ganándose esa confianza necesitaban tiempo para desermarlxs a todxs. El enemigo principal de los recién nacidos Estados-Nación estaba dentro de casa, y eso lo sabían demasiado bien lxs nuevxs aristócratas.

De modo que lo arreglaron muy fácil: cambiar el nombre a lo que hasta entonces todas las teorías habían llamado aristocracia, bautizarlo como democracia y, con el tiempo, por si acaso, a ese nombre añadirle el adjetivo “representativa” o “parlamentaria”, no fuera que algunx reivindicara la verdadera democracia…, y listo.

Por otro lado, no eran tontxs del todo, y los pensadores liberales de la época, además de sus propios intereses de grupo contrapuestos, tuvieron claro que para algunas cuestiones necesitarían a lxs pobres de su lado, y para otras cuestiones a lxs ricxs. Osea, que el auténtico choque que perduraría en la base de la sociedad para siempre sería aquel entre los intereses de pobres y ricxs, puesto que la propiedad privada jamás se cuestionaría, siendo el principal interés de la ilustración burguesa desarrollar el capitalismo. De esta manera, y esto también es bastante gracioso, en aquella misma revolución guiada y manipulada por la burguesía comenzó el juego de partidos. En aquella época, principalmente, girondinos y jacobinos, y más adelante todos los partidos que irían surgiendo y dos bloques principales: la izquierda y la derecha (cualquiera que sea el nombre que adopte una u otra). Una basada en un discurso más o menos favorable a lxs pobres, la otra favorable a la libertad de enriquecimiento ilimitada. Todo esto dicho muy esquemáticamente. Y digo gracioso, o irónico, porque la mayoría de quienes defendieron y defienden tal sistema han utilizado a Rousseau como base para defenderlo. Y, ¿qué escribió Rousseau sobre los partidos? Precisamente, que son puramente negativos. Es decir, que crear partidos y participar en la política en base a tales partidos es un violento ataque contra las libertades. Asimismo, en su famosa obra, también escribió que donde el representado puede decidir sobra el representante, haciendo de vez en cuando guiños a la democracia. Por otro lado, también señaló que, para poder llamar contrato social o pacto social al contrato social -puesto que a muchxs fervientes defensorxs del sistema actual les gusta decir eso de que vivimos dentro de un contrato social-, deben tener modos para poder revisar, cambiar o romper en cualquier momento tal contrato social, o, si no, que lxs ciudadanxs que estén en contra de “firmar” -aunque sea simbólicamente- tal contrato social, deben tener opción para abandonarlo. Es decir, que no se puede dar por supuesto que un/a ciudadanx, por haber nacido en una determinada época y bajo un determinado contrato social, sin más, haya firmado ese contrato o que esté conforme con él, y, por tanto, que todxs lxs ciudadanxs deben tener la manera de mostrar en cualquier momento su conformidad o disconformidad y la vía para liberarse del contrato.

De este modo, para el s. XIX, los ideólogos principales habían enterrado todas las teorías políticas vigentes hasta el s. XVIII y a la que era una aristocracia de partidos habían comenzado a llamarla democracia, democracia parlamentaria o democracia representativa, repitiendo la misma cantinela hasta nuestros días, desde la cuna hasta la tumba. Así pues, no es de extrañar que, después de que se consumara ese robo de la democracia, el francés Proudhon, en su memorable obra Qué es la propiedad, a la pregunta de “¿qué eres tú?” respondiera “soy anarquista”, y que, a partir de entonces, todxs lxs anarquistas denigraran la democracia. No escogió el nombre casualmente, no. Seguramente, Proudhon sabía bien que muchos que, al igual que la nueva aristocracia de su tiempo, es decir, al igual que quienes se tenían por “demócratas”, odiaron la democracia antes, también llamaron anarquía al sistema basado en el poder del pueblo y en la igualdad política, y que trataron de anarquistas a lxs pobres y trabajadorxs que en otras épocas reivindicaron la democracia. Así, a partir de entonces, lxs anarquistas han denostado la “democracia”, es decir, la aristocracia de partidos o partitocracia, en nombre y en honor de la democracia. De la misma manera, la mayoría de lxs enemigxs de la democracia alaban la “democracia” para con ello negarla. Lxs anarquistas, además, vieron claro que para que la anarquía, o dicho de otro modo, la democracia, sea viable, hay que recuperar la propiedad comunal. Es decir, que la participación política igualitaria de todxs lxs ciudadanxs y la igualdad económica son inseparables, porque la ausencia de una vuelve imposible la otra. Y que para eso, entre otras cosas, también deben desaparecer todas las clases sociales. En efecto, Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Hobbes, Rousseau y toda la Ilustración eran enemigos, más fervientes unos, más tibios otros, pero enemigos después de todo, de la democracia porque se oponían a la desaparición de las clases sociales, del abismo entre ricxs y pobres, del muro entre propietarixs y trabajadorxs.

Así, si examinamos el sistema político formal de ésas que hoy se proclaman democracias, veremos claramente que posee todas las características de la aristocracia y, en la mayoría de los casos, de su desviación o degeneración, la oligarquía. Para empezar, nada ha quedado de democrático, puesto que no queda una sola institución a través de la cual todxs lxs ciudadanxs puedan participar directamente y sin representaciones en los debates y decisiones políticas, desde que las constituciones liberales (en lo que nos toca, la de Cádiz de 1812) utilizaran todas las herramientas a su alcance para hacer desaparecer los últimos concejos abiertos y las últimas tierras comunales y consiguieran su objetivo. Por otro lado, a todos los niveles, sean ayuntamientos, juntas generales o parlamentos, la única forma de participar es haciéndolo a través de partidos políticos, con contadas excepciones -en algunos casos, como en ayuntamientos, también se aceptan listas electorales o independientes-, es decir, que hay que pasar un filtro, primer rasgo aristocrático, y , como bien expresó Rousseau, primer recorte a la libertad individual, puesto que la multiplicidad de ideas y opiniones queda diluida en un conjunto uniforme, impuesta la disciplina de partido en muchos casos. Además, aún estando dentro de un partido, la única manera de participar en las instituciones es ganarse un escaño en una votación, osea, que la ciudadanía, sin tener ningún mecanismo para auto-representarse directamente, a falta de otra opción, opine que tú eres unx de lxs mejores. Así, de las elecciones surgen asambleas aristocráticas clásicas, sean estas asambleas plenos municipales, juntas generales, parlamentos, o senados. Por si eso fuera poco, los partidos, para poder presentarse, deben cumplir unas leyes creadas ex profeso, conseguir un número mínimo de firmas y, en la mayoría de los casos, acumular y probar un mínimo patrimonio económico. Por tanto, la aristocracia de partidos conlleva una serie de filtros para poder llegar a las instituciones del poder formal. Ni qué decir para llegar a la presidencia de países como los Estados Unidos, donde, como es sabido, las elecciones suelen ganarse en base a la cantidad de dinero que se consigue reunir. Además, los partidos suelen estar en manos de determinadas familias y clanes, aunque en ocasiones existan formas aristocráticas de elegir los altos cargos, y, así, a la luz de la mayoría de las teorías políticas clásicas, podemos decir con total corrección que, formalmente, todos los sistemas políticos de nuestro entorno o casi todos son oligarquías de partido.

Quiero subrayar lo de formalmente, puesto que la aristocracia de partidos, oligarquía de partidos o, la palabra más adecuada para recoger todo el concepto, la partitocracia tan solo es un sistema político formal. A eso hay que añadirle que, por más que la ciudadanía elija a unxs u otxs aristócratas, el verdadero poder fáctico siempre ha estado en manos de elites militares y económicas -en la mayoría de los casos ambas a la vez, elites económico-militares- que jamás son elegidas. Así que, se mire por donde se mire, podemos decir que en Europa los últimos vestigios de democracia desaparecieron en el s. XIX y que, casualmente, en la misma época se llevó a cabo la prostitución o robo de nombres aquí explicada, para que la aristocracia se convirtiera, de nombre, que no de hecho, en democracia. En un próximo artículo, analizaré en un caso concreto los pasos de la democracia a la aristocracia: el robo de la democracia en las instituciones de Euskal Herriak y, más concretamente, de Bizkaia.

Demokraziaren lapurreta (I)

Posted in Anarkismoa, Gizartea, Oroimen historikoa, Politika with tags , , , , , , , , , , , , on 2013/01/28 by aselluzarraga

(Castellano)

Azken hiletan hainbat buelta eman diot ideia bati, hari ekiteko unearen zain, eta gaurkoari une egokia iritzi diot ideia kimu horri irteera emateko, Txileko Santiagon egiten ari den goi-bilera horietako baten karietara Txileko telebistan entzun ditudanak entzun eta gero. Dirudienez, eztabaida bizia piztu da ez dakit zein nazioarteko erakunderen buru Raul Castro izendatuko omen dutelako. Hori dela-eta, Txileko alderdi ultraeskuindarretako politikariak, herritar aberatsak eta talde neonazi batzuetako kaskamotzak agertu dira banan-banan hango telebista nazionaleko albistegian, aho batez, Raul Castro diktadorea dela eta Kubakoa diktadura dela aldarrikatzeko -xelebrea izan da, gainera, Txile bezalako herri batean, maputxeen, anarkisten eta disidente ororen aurkako errepresiorik bortitzena zuritzen eta are auspotzen duten berberek, giza eskubideen urraketaz berbetan entzutea-. Halaber, bat zetozen gehienak -neonaziak izan ezik- herri bat demokratikoa izateko alderdiak behar zituela aldarrikatzerakoan. Ez dut nik esango Kuba diktadura den ala ez, demokrazia ez dela argi dago, laster azalduko dudanez, baina, demokraziaren benetako esanahiari lotuz gero, beharbada konturatuko gara Kubak demokratikotzat hartu ohi diren herri guztiek baino esparru demokratikoagoak badauzkala, oraindik ere auzo- eta herri-batzarrek nolabaiteko zeresan politikoa daukatelako Kuban, beste herrietan holakoen aztarna guztiak aspaldi desagerrarazi zituzten bitartean, egungo sistema nagusitu zedin, hain zuzen ere. Izan ere, kontua ez da Kuba, Txile, Estatu Batuak, Txina, Espainia, Argentina, Venezuela, Frantzia, Iran, Egipto, Israel… diktadurak direnetz. Kontua da ea haietako bakar bat ere demokratikoa den. Eta horixe ahaleginduko naiz hemen argitzen, argi ikusiko dugulako haietako gehienetan, hots, euren burua demokratikotzat jotzen duten guztietan, daukaguna lapurreta historikorik handienetako bat dela. Izenen gerra haiek hasi eta, orain arte, haiek irabazi baitute.

Hori ulertzeko, oso interesgarria da historian -benetakoan, ez eskola eta unibertsitateetako doktrinamendurako idatzi den horretan- eta filosofian barneratzea, eta politika sistemek lehen teoria politikoak idazten hasi zirenetik izan dituzten izen eta definizioetara jotzea. Beldur naiz artikulu luzeegia aterako ez ote zaidan, eta horregatik buruan daukadan alboko hainbat gai baztertu eta punturik garrantzitsuenetara mugatzen ahaleginduko naiz. Irakurleak barka biezat harira ekarriko ditudan egileen aipu zehatzak ez ematea, uste dut norberaren lana dela irakurtzen duen edozeren atzean dagoen balizko egia bere kabuz ikertzea. Zoritxarrez, filosofia lehen eskutik irakurtzea oso gutxietsi da gure egungo kulturan -beren beregi gutxietsi ere-, eta eskoletan irakasten duten ebaketara mugatu ohi da gure ezagutza. Horren aurrean, filosofiaren testu historikoak osorik irakurtzera adoratu nahi nuke irakurlea, gure egungo gizartea eta egun nagusitu diren ideiak, kontzeptuak eta “egiak” nondik datozen eta zelan itxuraldatu edo itxuragabetu diren hobeto ulertzeko ezinbestekoa delakoan. Artikulu honek nire behin-behineko iritzia baino ez du islatuko, eta honetara mugatzea baino gomendagarriagoa da nork bere iritzi osoa egiteko tresna guztiak eskura izatea, nork bere erara ulertzen baitu irakurtzen duena.

Oharpen hori eginda, historikoki filosofia politikoaz idatzi duten pentsalari nagusiek egindako sistemen banaketari helduko diot. Hala, Platonengandik hasita, haren Errepublikan, eta Aristotelesekin jarraituta, haren Politikan, hiru sistema nagusi aurkituko ditugu: demokrazia, aristokrazia eta monarkia. Halaber, hiru sistema horien desbideratzeak edo degradazioak ere aipatu zituzten filosofo klasikoek eta haien ondorengo gehienek: demagogia batzuetan, anarkia besteetan, demokraziari dagokionez, oligarkia, aristokraziari dagokionez, eta, azkenik, tirania, monarkiari dagokionez. Platon eta Aristoteles, eta haien ondoren etorri ziren teorialari gehienak, hala nola Machiaveli, Hobbes, Locke edo Rousseau bera, zein bere zioengatik eta ñabardurak ñabardura, ez ziren ez demokraziaren oso aldekoak. Izan ere, Platonek eta Aristotelesek herria gutxietsi zuten beti. Ez da arraroa, kontuan hartzen badugu, esaterako, eta Platonentzat batez ere, lan egitea -eta batez ere soldatapekoa izatea- morroien kontua zela, ez gizaki askeena, guztiz zilegitzat jotzen zutela esklaboak izatea, eta euren ikuspegi etiko eta filosofikoei jarraituz, herri xumea, langileak eta nekazariak, ezjakintzat eta are astakirtentzat zeuzkatela. Hala, Platonek diseinatu zuen diktadura idealean, hots, haren errepublikan, filosofoak zeuden deituta gobernatzera, derrigorrezko komunismo oso berezian bizi behar zuten zaindari edo gerlariak berme hartuta, eta iruzurra eta manipulazioa ezinbesteko armak ziren herria gobernatzeko eta bere zoriarekin etsi zezan. Aristoteles malguagoa zen, eta aristokraziaren alde egin eta demokrazia oso begiko ez bazeukan ere, haren Politika batez ere Estatuari, zein ere zen haren sistema politikoa, iraunarazteko metodoa zen -emakumeen eginkizunari dagokionez, ordea, Platonek erakutsi zuen berdintasunaren aldeko jarreraren aurrean, erabateko misoginiak gidatu zuen Aristotelesen politika-. Antzeko zerbait egin zuen zenbait mende geroago Hobbes bere Leviatan famatuan: bera monarkia absolutuaren alde argi eta garbi egin eta haren teoria guztia hura zuritzeko sortua izan arren, helburu nagusia Estatua bera zen, eta hala, guztiz arbuiatu zuen Estatuaren aurka egitea gobernu mota, monarkia, aristokrazia zein demokrazia izan -azken biak asanblada subiranoen multzoan sartuta-.

Baina, zertan zeutzan hiru sistema nagusi horiek? Historiako teorialari guztien testuetan, haiek definitzerakoan guztiak bat datozela ikusiko dugu… XVIII. mendean burgesia liberal edo ilustratuak Frantses Iraultza herriari ostu eta bere doktrina, egun ere nagusi dena, ezarri eta izenen prostituzio sistematikoa gauzatu arte.

Hala, Platon, Aristoteles, Machiaveli, Hobbes, Locke eta Rousseaurentzat, arestian aipatutakoen teoriei jarraitzearren, demokrazia herritar guztien batzar edo asanblada burujabearen bidezko gobernua da. Gobernu hori demokratikoa izateko, herritartasuna duten guzti-guztiei zabalik egon behar du, eta batzar horretan denek hartu behar dute parte, berdintasunez. Beste kontu bat da nori aitortzen zaizkion herritartasuna eta, beraz, politika demokratikoan parte hartzeko eskubidea. Aristokrazia, ordea, asanblada-sistema izan arren, bakan batzuen parte hartze zuzenera mugatzen da. Hots, herritartasuna dutenetako batzuen, gutxiengo baten parte hartze politikoan oinarritutako gobernu sistema da. Gobernuan parte hartzen duten horiek, aristokratak, alegia, herriak berak hautatutakoak izan daitezke edo, sistema horren degradazioaren ondorioz, garai batean hautatutakoen oinordetza-eskubidean oinarritu daiteke, besteak beste. Parte hartze eskubidea mugatzeko beste bide batzuk ere egon ziren, hala nola gutxieneko aberastasunen jabe izatea. Beraz, jatorrian eta berez, aristokrazia ez dago noblezia tituluei lotuta eta “onenen” gobernua da. Jatorrian, herriak berak erabaki behar zuen “onenak” nor ziren, hautagaien trebetasunen edo dohainen arabera. Monarkia, azkenik, pertsona bakar baten gobernua da. Asanbladak egotea onar dezake, aholkuak emateko, esaterako, baina azken erabakia hartzeko eskumena monarkarena edo berak eskuordetuena da.

Era berean, Platonen eta Aristotelesen lehen lan teoriko haietan bertan argi ikusi zen hiru sistemetan ardatz nagusia goikoen eta behekoen, hots, aberatsen eta txiroen arteko tentsioa dela. Hala, printzipioz, demokrazia txiroei lotuagoa legoke, eta aristokrazia eta monarkia aberatsei. Filosofo klasikoek argi ikusi zuten ezegonkortasun politikoaren zio nagusia aberatsen eta txiroen interesen arteko talka zela. Horri dagokionez, bereziki interesgarria da Aristotelesen lana, sistema bakoitza desegiteko arrazoiak aztertu zituelako. Hala, haren helburua beste bat bazen ere, ondorio bat atera dezakegu: demokrazia demagogiaren (gaurko populismoaren) esku geratu eta tiraniarako jauzia emateko arrazoi nagusia jabetza pribatuak, hots, desberdintasun ekonomikoak, irautea da. Horrek, halaber, beste ondorio batera garoatza zuzenean: demokraziak komunismo ekonomikoa ezarrita baino ezin iraun dezake eta, beraz, ezarri orduko jabetza pribatua abolitzeko urratsa ere eman behar da. Anarkismoak, komunismo libertarioak batez ere, argi ikusi zuen hori.

Aipatutako egileen artean, Aristoteles eta Rousseau bat letozke, gutxi gorabehera, demokraziari dagokionez, teorikoki, behintzat: sistemarik ederrena izan liteke, baina ezinezkoa. Rousseauren hitzetan, demokrazia jainkoen artean baino ez da posible. Hala, demokrazia ezinezkotzat jo eta aristokraziaren alde egingo zuten biek, lerro artean.

Kasualitatez, Rousseauk eta haren Gizarte-kontratua ospetsuak finkatu zieten iparra burges liberal edo ilustratuei. Frantziako burgesiak eta nobleziaren zati handi batek herriaren indarra erabili eta, geroko Errusiar Iraultzan alderdi boltxebikeak legez, herriaren bultzadak non amaitu behar zuen erabaki zutenean -harago joan eta demokrazia ezarri nahi zuten sans-culotteei anarkista deituta, besteak beste-, Frantses Iraultza burututzat emanda, euren neurrirako sistema politiko, sozial eta ekonomikoa diseinatu behar izan zuten. Horixe zen, izan ere, iraultza bultzatzeko hasieratik izandako asmo bakarra: zaharkituta gelditua zen sistema politikoa deuseztatu eta sistema modernoagoa, zetorren kapitalismoari hobeto egokitzen zitzaiona, ezarri, euren negozioak errazago loratu eta industralizazioa herriak oztopatu barik burutu ahal izateko.

Izan ere, ordura arteko sistema guztiak ia, teorialari gehienek aitortu zuten bezala, mistoak ziren. Osagai demokratikoak, aristokratikoak eta monarkikoak nahasten ziren gehienetan, herri bakoitzaren historiaren arabera, demokraziarantz, aristokraziarantz edo monarkiarantz gehiago edo gutxiago lerratuta. Hala, Europa feudal gehienean, garai historiko askotan erakunde demokratikoak egon ziren herri eta hiri askotako batzar edo kontzeju irekietan, erakunde aristokratikoak herri eta hiri askotan, batzuetan berberetan ere, zeuden batzar edo kontzeju itxietan eta zenbait gorte eta parlamentutan, eta erakunde monarkikoak herrian herriko erregeen, dukeen, printzeen edo jaunen eskutik.

Zalantza barik, sistema misto horiek oztopo handia ziren burges eta noble ilustratuentzat. Alde batetik, monarkiak sabaia jartzen zien goitik haien nahiei, eta haren esku geratzen ziren zerga-bilketa, legegintza eta armada nagusien kontrola, besteak beste. Bestetik, batzar eta kontzeju irekiek ere muga jartzen zieten behetik, batez ere, batzar irekien burujabetasunari lotuta lur askoren jabetza komunala zegoelako, eta industralizazioa aurrera eroateko beharko zuen eskulan gehiegi zegoelako landari atxikita, eta lurraren jabetza esku gutxitan pilatu ezean ez zuen landatik hirirako urratsa emango. Biak batera akabatu behar ziren eta, horretarako, haien sistema politiko formal ideala Rousseauk berak iradokitakoa zen: errepublika aristokratikoa. Pentsatu eta egin, kasu askotan monarkia aztarnekin batera bizitzeko arazorik izan ez arren, oztopo nagusia ez baitzegoen goian, behean baizik. Izenak, ordea, bazeukan bere mamia. Izan ere, azken mendeetan aristokrazia hitza nobleziari gero eta lotuagoa ikusi zen, eta iraultzak nobleziaren pribilegioak, hots, ordurako hiztegian aristokrazia bera akabatu zuela suposatzen zen. Sistema zaharra deuseztatzeko bere odola jarri zuen herriak, beraz, nekez irentsiko zuen aristokrazia izena zeroan sistema politikoa, eta horrek, gainera, agerian utziko zuen boterea bakan batzuen artean banatuko zela eta demokraziaren azken aztarnak betiko desagerrarazi nahi zirela. Herriak armak eskuetan hartzeko izan zituen helburuetatik oso urrun geratzen zen aristokrazia formalerako asmoa, eta herritarren oroimen historikoan boterea borrokatu eta armaz garaitzeko esperientzia gertuegi zegoen. Ilustratuek, “askatasuna, berdintasuna, elkartasuna” hitz eder horien pean mozorrotuta, herriari demokrazia emango ziotela sinetsarazi behar zieten herritar xumeei, eta konfiantza hori bereganatuta haiek denak armaz gabetzeko denbora behar zuten. Nazio-Estatu sortu berrien etsai nagusia etxe barruan zegoen, eta ondo baino hobeto zekiten aristokrata berriek.

Erraz konpondu zuten, beraz: ordura arteko teoria guztiek aristokrazia esan ziotenari izena aldatu, demokrazia bataiatu eta, denborarekin, badaezpada ere, izen horri “ordezkatzailea” edo “parlamentarioa” izenondoa erantsi, baten batek benetako demokrazia aldarrikatuko balu…, eta kito.

Bestetik, oso tentelak ez ziren, eta orduko pentsalari liberalek, euren arteko talde interes kontrajarriak ez ezik, argi izan zuten gauza batzuetarako txiroak alde beharko zituztela, eta beste gauza batzuetarako aberatsak. Hots, gizartearen oinarrian betiko iraungo zuen benetako talka txiroen eta aberatsen interesen artekoa izango zela, jabetza pribatua ez baitzuten sekula zalantzan jarriko, ilustrazio burgesaren interes nagusia kapitalismoa garatzea izanda. Hala, eta hau ere nahiko barregarria da, burgesek gidatu eta manipulatutako iraultza hartan bertan alderdien jokoa hasi zen. Garai hartan girondinoak eta jakobinoak, batez ere, eta gerora sortzen joango ziren alderdi guztiak eta bloke nagusi biak: ezkerra eta eskuina (zein ere diren batek eta besteak hartzen dituzten izenak). Bata txiroen aldeko nolabaiteko diskurtsoan oinarrituta, bestea aberasteko askatasunaren aldekoan. Hau dena oso eskematikoki esanda. Eta barregarria dela diot, edo ironikoa, sistema horren alde egin zuten eta egiten duten gehienek Rousseau erabili dutelako sistema defendatzeko oinarri. Eta, zer idatzi zuen Rousseauk alderdiei buruz? Kalterako baino ez direla, hain zuzen ere. Hots, alderdiak sortzea eta politika alderdien arabera egitea askatasunen aurkako eraso bortitza dela. Halaber, ordezkatuak erabaki dezakeen tokian ordezkariaren beharrik ez dagoela ere idatzi zuen bere liburu famatuan, noizean behin demokraziari keinuak eginez. Bestalde, gizarte-kontratuari gizarte-kontratu edo gizarte-itun deitu ahal izateko -egungo sistemaren defendatzaile sutsu askori gizarte-kontratu baten barruan bizi garela esatea gustatzen zaielako-, herritarrek gizarte-kontratua edonoiz berrikusi, aldatu edo hausteko bidea izan behar dutela ere esan zuen, edo, bestela, gizarte-kontratu hori “sinatzearen” -sinbolikoki bada ere- aurka dauden herritarrek handik ateratzeko aukera izan behar dutela. Alegia, ezin dela jakintzat eman herritar batek, garai jakin batean eta gizarte-kontratu jakin baten pean jaio delako, berez, kontratu hori sinatu duela edo harekin ados dagoela, eta, beraz, herritar guztiek eduki behar dituztela adostasuna edo desadostasuna edonoiz agertzeko modua eta kontratutik askatzeko bidea.

Beraz, XIX. menderako, ideologo nagusiek XVIII. mende arteko teoria politiko guztiak lurperatu eta alderdi-aristokrazia zenari demokrazia, demokrazia parlamentarioa edo demokrazia ordezkatzailea esaten hasi ziren, leloa egun arte errepikatuta, sehaskatik hilobiraino. Hala, ez da harritzekoa, demokraziaren lapurreta hori gauzatu ondoren, Proudhon frantsesak, Zer da jabetza liburu gogoangarrian, “zu zer zara?” galdetuta “ni anarkista naiz” erantzutea eta, harrezkero, anarkista guztiek demokrazia deitoratzea. Izena ez zuen halabeharrez hautatuko, ez. Seguruenik, Proudhonek ondo zekien bere garaiko aristokrata berriek bezala, hots, euren burua “demokratiko”tzat zutenek bezala demokraziari gorroto izan zioten askok anarkia ere esan ziotela herriaren boterean eta berdintasun politikoan oinarritutako sistemari, eta anarkistatzat jo demokrazia aldarrikatzen zuten beste garaietako txiroak eta langileak. Beraz, geroztik, demokraziaren izenean eta omenez deitoratu dute anarkistek “demokrazia”, hots, alderdi-aristokrazia edo partitokrazia. Era berean, demokraziaren etsai gehienek “demokrazia” goresten dute hura ukatzeko. Anarkistek, gainera, argi ikusi zuten anarkia, edo bestela esanda, demokrazia, bideragarria izateko, jabetza komunala berreskuratu behar dela. Hots, herritar guztien berdintasunezko partaidetza politikoa eta berdintasun ekonomikoa banaezinak direla, baten gabeziak bestea ezinezko bihurtzen duelako. Eta horretarako, besteak beste, klase sozial guztiek ere desagertu behar dutela. Izan ere, klase sozialak, aberatsen eta txiroen arteko amildegia, jabeen eta langileen arteko hesia desagertzearen kontrakoak zirelako ziren Platon, Aristoteles, Machiaveli, Hobbes, Rousseau eta Ilustrazio guztia demokraziaren etsaiak, sutsuagoak batzuk, epelagoak besteak, baina etsai, azken finean.

Hala, gaur egun aldarrikatzen diren demokrazia horien sistema politiko formala aztertzen badugu, aristokraziaren eta, kasu gehienetan, haren desbideratze edo degenerazioaren, hots, oligarkiaren, ezaugarri guztiak dauzkala ikusiko dugu argi. Hasteko, demokraziatik ez da deus geratu, ez baitago herritar guztiek berdintasun eta askatasunez eztabaida eta erabaki politikoetan zuzenean eta ordezkaritza barik parte hartzeko erakunde bakar bat ere, konstituzio liberalek (guri dagokigunez Cadizeko 1812koak) azken kontzeju irekiak eta azken lur komunalak desagerrarazteko tresna guztiak erabili eta helburua erabat lortu zutenez geroztik. Bestetik, edozein mailatan, udalak, batzar nagusiak zein legebiltzarrak izan, parte hartzeko bide bakarra alderdien bidez egitea da, salbuespenak salbuespen -kasu batzuetan, hala nola udaletan, hautesle zerrendak edo independenteak ere onartzen dira-, hots, iragazki bat igaro behar da, lehen zantzu aristokratikoa, eta, Rousseauk ondo adierazi legez, banakako askatasunen lehen murrizketa, ideia eta iritzi aniztasuna multzo batbera baten barruan urtzen duelako, alderdi-diziplina ezarrita, kasu askotan. Gainera, alderdi baten barruan egonda ere, erakundeetan parte hartu ahal izateko bide bakarra bozketa batean eserlekua irabaztea da, hots, herritarrek, euren burua zuzenean ordezkatzeko biderik batere izan barik, beste aukerarik ezean, zu onenen artekoa zarela iriztea. Hala, asanblada aristokratiko klasikoak ateratzen dira hauteskundeetatik, asanblada horiek udalbatzak, batzar nagusiak, legebiltzarrak, parlamentuak edo senatuak izan. Hori gutxi ez, eta alderdiek, aurkeztu ahal izateko, berariaz egindako lege batzuk bete behar dituzte, gutxieneko sinadurak lortu eta, kasu gehienetan, gutxieneko ondare ekonomikoa pilatu eta frogatu. Beraz, alderdi-aristokraziak zenbait galbahe dauzka botere formalaren erakundeetara iritsi ahal izateko. Zer esanik ez Estatu Batuak bezalako herri baten presidentziara iristeko, non, jakina denez, hauteskundeak pilatutako diruaren arabera irabazi ohi baitira. Alderdiak, gainera, familia eta klan batzuen eskuetan egon ohi dira, batzuetan goi-karguak hautatzeko bide aristokratikoak izan arren, eta, hala, teoria politiko klasiko gehienen argitara, zuzentasun osoz esan genezake, formalki, gure inguruko sistema politiko guztiak edo ia guztiak alderdi-oligarkiak direla.

Formalki azpimarratu nahi izan dut, alderdi-aristokrazia, alderdi-oligarkia edo, kontzeptu osoa biltzeko hitzik aproposena, partitokrazia sistema politiko formala baino ez delako. Horri erantsi behar zaio, herritarrek aristokrata batzuk edo besteak hautatu arren, benetako botere faktikoa inoiz hautatzen ez diren elite militarren eta ekonomikoen -kasu gehienetan biak batera, elite militar-ekonomikoak- esku egon dela beti. Beraz, edonondik begiratuta ere, esan dezakegu Europan demokraziaren azken aztarnak XIX. mendean desagertu zirela eta, kasualitatez, garai berean egin zela hemen azaldutako izen prostituzioa edo lapurreta, aristokraziak, izenez, baina inoiz ez izanez, demokrazia bihurtzeko. Hurrengo artikulu batean, kasu jakin batean aztertuko ditut demokraziatik aristokraziarako urratsak: Euskal Herrietako eta, zehazkiago, Bizkaiko erakundeetako demokraziaren lapurreta.

La izquierda monárquica y la apología del Estado (renovando las cadenas)

Posted in Anarkismoa, Euskal Herria, Gizartea, Oroimen historikoa, Politika with tags , , , , , , , on 2012/01/16 by aselluzarraga

(Euskaraz)

Hemos entrado en el año 2012, para algunxs, en el año del fin del mundo. Dejando a un lado pronósticos apocalípticos, sin embargo, para algunxs vascxs y algunxs españolxs también es un año para echar la vista atrás. Unxs, celebrarán el segundo centenario de la primera piedra colocada para sepultar definitivamente una íntegra visión del mundo y, desintegrando para siempre los últimos vestigios de democracia que pervivían en el pueblo, ensalzarán la primera victoria del Estado liberal capitalista, es decir, la Constitución de Cádiz de 1812. Lxs otrxs llorarán al viejo reino perdido en 1512, al reino de Nafarroa. Unxs y otrxs coincidirán en un punto: la adoración al Estado-nación.

La lógica de lxs primerxs es totalmente comprensible, aunque deba ser combatida con fuerza por quienes creemos en la libertad. Son defensorxs a ultranza de la España una, grande y libre, y tal constitución es uno de los principales símbolos de su victoria ideológica.  En cambio, la lógica de lxs segundxs es más difícil de entender, realmente curiosa. Y es que últimamente se han escuchado y aún más se escucharán con creciente presencia los discursos apologistas del reino de Nafarroa, partiendo precisamente de algunxs vascxs que se presentan como de izquierda. En cierta medida lo puedo entender, hace tiempo, durante una breve época, a mí también me afectó la fascinación de esa lectura parcial de la historia. De modo que a esa segunda efeméride me referiré en este texto, para aclarar, cuando alabamos con nostalgia el reino de Nafarroa, que estamos reivindicando. La dimensión de este texto y su humilde intención me exigen resumir y simplificar, y tan solo pretende ser un punto de apoyo para el debate y para un desarrollo más extenso de las ideas.

Para aquellxs que viven con la nostalgia del reino de Nafarroa, aquél fue el Estado vasco, fundamento de nuestras libertades y argumento principal en favor de la independencia de la Euskal Herria actual. De este modo, por aquí y por allá leeremos lemas que nos traen a la mente otros más dudosos, como “Euskal Herria una y única”. Estas personas no pueden entender una independencia de los pueblos sin Estado, no les entra en la cabeza. Teniéndose por totalmente vascxs, no se dan cuenta de que su pensamiento está colonizado, que sueñan con replicar las formas adoptadas de una visión del mundo ajena, con desprecio por los pueblos vascos que tanto aman.

De por sí, es curioso que alguien que en el s. XXI se tiene por izquierdista e incluso marxista se defienda una monarquía. ¿Debemos entender que una monarquía que debió perderse en hegoalde en el 1512 era el pilar de nuestras libertades o de las de lxs vascxs de aquella época? ¿Que damos por buena una corona si a la monarquía le añadimos el epíteto de “vasca”? El error, como veremos, es doble. Por un lado, la corona, el mero surgimiento de la monarquía, fue la primera losa para sepultar las libertades populares, el primer golpe para que lxs vascxs perdieran su independencia o su interdependencia opcional. Por otro, aquella monarquía poco tenía ya de vasca. Era una monarquía francesa y, en gran medida, gobernaba en beneficio de los francos, en perjuicio de lxs euskaldunes.

¿Cuál es el origen del reino de Nafarroa? Echando una mirada a la historiografía, veremos que su creación parte de Iruña, la Pompaelus de entonces, y así, en sus inicios, será llamado reino de Pompaelo, Pamplona o Iruña, si se prefiere. La Pamplona de entonces tenía poco que ver con las libertades de lxs vascxs, sus costumbres y su cultura. Siendo una ciudad fundada o refundada por los romanos, era una urbe organizada según sus leyes y visiones. Los francos también le darían su visión, igual que los visigodos. Y a la organización jerárquica y clasista y a su carácter militarista le debía que en ella se enraizara una oligarquía militar impulsada por su división de clases Quien tenemos por primer rey, Eneko Aritza, conformó su reino gracias al impulso de los Banu Qasi, para hacer frente a los carolingios. Los Banu Qasi eran una casta convertida al Islam, quizá de origen romano-hispano, quizá visigodo. No parece que vasco

Sea como fuere, ¿qué trajo el reino a lxs vascxs que vivían en montañas y valles? Convertirse en súbditxs de un rey, con todas las consecuencias que eso supone. En adelante, la democracia popular, que se manifestaba en las asambleas o concejos populares de los pueblos, estaría en perpetua tensión con las ansias de poder del Rey, retrocediendo la independencia del pueblo año a año. Tal imposición haría uso de un argumento principal: la fuerza militar.

Las relaciones entre vascxs hasta entonces horizontales se fueron verticalizando, y fue la monarquía el vehículo utilizado para que el cristianismo también se convirtiera en religión oficial única, puesta fuera de la ley la cosmovisión original, pagana. También fue la institución que convirtió en lengua oficial entre la nobleza el latín y las lenguas romances.

La conversión de Euskal Herriak en Estado sólo fue en detrimento de lxs vascxs. La democracia popular (es redundante, pero hoy en día, cuando la palabra democracia se muestra tan corrompida, debemos ponerle adjetivos que debieran ser innecesarios, para diferenciarla de la actual dictadura partitocrática) quedará bajo una constante amenaza creciente, tomada, en lugar de por el sistema de gobierno que el pueblo se daba a sí mismo, por un privilegio o regalo que el Rey (o el Señor) le otorgaba con “magnanimidad”. Las propias Juntas Generales, serían a menudo utilizadas en favor de los intereses de la oligarquía y en contra del pueblo. Claro ejemplo de ello es que, durante un tiempo, la ley de las Juntas Generales de Bizkaia obligara a que, para tener representación en ellas, los pueblos enviaran alguien que supiera castellano. De ese modo, durante largo tiempo muchos pueblos que no contaban con castellanoparlante alguno quedaron sin voz, hasta que se logró derogar dicha ley. No es casualidad que los fueros viejos y nuevos se redactaran tan tarde y en romance Para entonces, ya existía una elite local dispuesta para reinterpretar la voluntad popular conforme a sus intereses y recoger tal interpretación por escrito. La desconfianza que lxs vascxs tenían a lo escrito (fueran contratos, leyes o literatura) era bien sana y prudente, vaya que sí. Llamar hoy en día a las instituciones territoriales Juntas Generales parece una macabra broma. De los restos de espíritu democrático que conservaban las de cierta época sólo les queda el nombre, también ellas convertidas en un coto para la lucha por los intereses de partido, también ellas mera copia de la dictadura parlamentaria impuesta por la Revolución Francesa.

Se mire por donde se mire, crear estructuras estatales fue el primer golpe para restringir la independencia de los pueblos, y debiéramos tomar como punto de partida de la pérdida de independencia de lxs vascxs la creación de reinos y señoríos, de estructuras jerárquicas y centralizadoras, mucho antes de 1512.

Por otro lado, la versión oficial nos dice que la pérdida del reino de Nafarroa trajo la pérdida del Estado vasco pero, ¿era realmente un Estado vasco aquél que se “perdió” en 1512?

Para entonces, la oligarquía de Bizkaia hacía tiempo que había tomado la decisión de convertir a su Señor en Rey de Castilla, por matrimonio. La mayor parte de Gipuzkoa y Araba también estaban en manos de Castilla, por decisión de los jefes de Estado de cada territorio o por ocupación militar Para entonces, a cambio del respeto de los fueros, las instituciones de Lapurdi también habían decidido aceptar su integración en Francia, y Baiona había sido ocupada militarmente. Zuberoa también había vivido una ocupación militar. Y en ese reino de Nafarroa que quedaba, ¿quién gobernaba? Desde hacía mucho tiempo, tras la muerte del último de la dinastía Ximena, la nueva monarquía había sido traída desde Francia, de la familia de Champagna. Eso había sucedido en el s. XIII. Es decir, que desde el s. XIII, el reino de Nafarroa había estado en manos de dos dinastías francesas, de la familia de Champagna en un principio, y de la de Foix más adelante, estando durante un breve periodo repartida entre los reyes de Francia y Castilla. ¿Eso era el Estado vasco? De hecho, sólo tenemos que ver qué sucedió después de la conquista de 1512 con el Estado vasco “libre”, para conocer con claridad qué trajo la monarquía: en 1589, 77 años después de la famosa conquista, el rey de Nafarroa aceptó convertirse también en rey de Francia, por matrimonio, convirtiéndose para ello al catolicismo, y el siglo siguiente un sucesor suyo decidiría unificar ambas coronas. Tal vez, si Castilla no hubiera conquistado Nafarroa, hoy en día todxs lxs navarrxs serían francesxs, gracias a “su” rey. Y no es de extrañar, fijándonos en el origen de dichos reyes “navarros”. Después de todo, su origen era francés, ¿no?

Además, conviene recordar que la “pérdida” del reino fue instigada o facilitada por las disputas entre los poderosos engordados bajo el manto protector de la monarquía, en gran medida. Las luchas entre agramonteses y beamonteses que nada tenían que ver con los intereses populares abrieron las puertas a tal conquista. Las competencias, juegos sucios y corruptelas para lograr el poder en el Estado vasco, en la monarquía vasca, eran las mismas que había y aún hay en cualquier otra monarquía y cualquier otro Estado. El label vasco no las convertía en más populares, ni más dignas, ni más honestas, ni más democráticas, ni más generosas.

Y un buen número de personas de izquierda miran a esa historia para reivindicar el Estado vasco, para ensalzar una monarquía. También ellxs dirigen su mirada a las decisiones de los poderosos, las oligarquías, los tiranos, según su concepción interpretan la historia de los pueblos. Ello explica que también den por buena otra forma de dictadura de importación, aquélla a través de los partidos políticos y los parlamentos.

Sin embargo, Euskal Herriak debieran mirar a otra historia, a la historia que los señoritos, las elites, los curas, los nobles y los burgueses no han querido escribir, a la historia de lxs de abajo que han intentado en la medida de sus posibilidades borrar y hacer olvidar. Es decir, a la historia de los pueblos, porque tan solo en esos pueblos, en los pueblos soberanos organizados en red, voluntaria y horizontalmente está la clave para una independencia verdadera o, para ser más exactos, para una interdependencia voluntaria. Todos los Estados, sea éste francés, castellano, español o vasco, trabajan, desde su propia fundación, solamente en pos de la destrucción de la libertad, la autoorganización, el apoyo muto y la propiedad comunal de los pueblos. Lxs nuevxs monárquicxs, lxs nuevxs apologistas del Estado, debieran repensar qué significa ser de izquierda. Debieran pensar, cuando reivindican el Estado vasco, si también están pidiendo todo aquello que un Estado implica, es decir, un ejército vasco, una ley vasca de extranjería, una policía vasca, cárceles vascas, represión vasca, capitalismo vasco… Viendo que están dispuestxs a justificar una monarquía vasca, me temo que también deben estar dispuestxs a justificar todo lo anterior, convirtiendo el autoritarismo también en algo hermoso y deseable con sólo colocar por delante un “vasco”.

Si en los centenarios de este año hay algo que debamos reivindicar, que sea la abolición de todo Estado y la soberanía de los pueblos, y que hagamos camino para que Euskal Herriak alcancen la libertad individual y colectiva. Declaremos todos los Estados, las monarquías y las constituciones enemigos de los pueblos, opresores de los pueblos. Por ejemplo, Udalbiltza podría haber sido un modelo interesante, si hubiera sido una institución para la coordinación de las verdaderas asambleas populares organizadas lejos de los intereses partidistas, reflejo de democracia directa, en la senda de una soberanía de facto, pero por desgracia, se ha quedado en algo muy lejano a ello, convertido en otro escenario dentro de las luchas por el poder. Reivindicar los sistema de arriba abajo que han funcionado de sepultureros de los modelos de abajo arriba no va a hacer un gran favor a la libertad.

Lxs libertarixs tenemos una responsabilidad histórica para, frente a todo Estado, impulsar una construcción realmente popular, y estamos en el año adecuado para sumergirnos en tal tarea. Como nos ha mostrado Jose Mari Esparza en su libro, en la historia han existido numerosos mapas que han recogido a Euskal Herriak, que han reflejado diversas visiones e intereses políticas y administrativas. Ya es tiempo de que más allá de las decisiones de los de arriba, de los vencedores, los pueblos vascos, las gentes vascas, por voluntad de todas las personas que hoy viven en nuestros pueblos, soberanamente, libremente, dibujen un mapa configurado desde abajo

Ezker monarkia zalea eta Estatuaren apologia (kateak berritzen)

Posted in Anarkismoa, Euskal Herria, Gizartea, Oroimen historikoa, Politika with tags , , , , , , on 2012/01/15 by aselluzarraga

2012. urtean sartu gara, batzuentzat, munduaren bukaeraren urtea. Iragarpen apokaliptikoak alde batera utzita, ordea, euskaldun eta espainiar batzuentzat atzera begiratzeko urtea ere bada. Batzuek, mundu ikuskera oso bat betiko lurperatzeko jarritako lehen harriaren bigarren mendeurrena ospatuko dute, eta herrian zeuden demokraziaren azken apurrak betiko deuseztatuz Estatu liberal kapitalista modernoaren lehen garaipen ideologikoa laudatu, 1812ko Cadizko konstituzioa, alegia. Besteek, negar egingo diote 1512an galdutako erresuma zaharrari, Nafarroako erresumari. Batzuk zein besteak bat etorriko dira puntu batean: nazio-estatuaren gurtzan.

Lehenengoen logika guztiz ulergarria da, askatasunean sinesten dugunok gogotik borrokatu beharrekoa izan arren. Espainia bakar, handi eta askearen defendatzaile sutsuak dira, eta konstituzio hura haien ideologiaren garaipenaren ikur nagusietakoa da. Bigarrenen logika, ordea, ulergaitzagoa da, benetan bitxia. Izan ere, azken boladan gero eta gehiago entzun dira, eta are gehiago entzungo dira, Nafarroako erresumaren diskurtso apologistak, norengandik eta euren burua ezkertiartzat duten zenbait euskaldunengandik. Neurri batean ulertzen dut, bolada labur batez, aspaldi, neuri ere eragin zidan historiaren irakurketa partzial horren lilurak. Bigarren efemeride horri helduko diot testu honetan, beraz, Nafarroako erresuma nostalgiaz goraipatzen dugunean, zer aldarrikatzen dugun argitzeko. Testu honen neurriak eta asmo xumeak laburbildu eta sinpletzea eskatzen didate, eta eztabaidarako eta ideiak gehiago garatzeko heldulekua baino ez du izan nahi.

Nafarroako erresumaren minez bizi direnen arabera, hura izan zen euskal Estatua, gure askatasunen oinarri eta egungo Euskal Herriaren independentziaren aldeko argudio nagusi. Horrela, gogora beste lelo badaezpadako batzuk dakarzkigutenak irakurriko ditugu han edo hemen, hala nola “Euskal Herria bat eta bakarra”. Halakoek ezin dute herrien independentzia Estatu barik aditu, ez zaie buruan sartzen. Euren burua guztiz euskalduntzat izanda, ez dira ohartzen pentsaera kolonizatuta daukatela, mundu ikuskera arrotzek ekarritako moldeak errepikatzea amesten dutela, hain maite dituzten jatorrizko euskal herriak mespretxatuz.

Berez, bitxia da XXI. mendean bere burua ezkertiartzat, are marxistatzat daukan inork monarkia baten alde egitea. Ulertu behar dugu hegoaldean 1512an galdu ei zen monarkia gure edo orduko euskaldunen askatasunen euskarria zela? Monarkiari “euskal” izenondoa jarrita koroa baleko bihurtzen dugula? Okerra, ikusiko dugunez, bikoitza da. Alde batetik, koroa, monarkia agertze bera, herri askatasunak lurperatzeko lehen harria izan zen, euskaldunek independentzia edo hautazko interdependentzia galtzeko lehen kolpea. Bestetik, ordurako monarkia hark ezer gutxi zeukan euskaldunetik. Monarkia frantsesa zen eta, neurri handi batean, frankoen onerako agintzen zuen, euskaldunen kaltetan.

Zein da Nafarroako erresumaren jatorria? Historiografiari apur bat begiratuta, ikusiko dugu haren sorlekua Iruña dela, garai hartako Pompaelus, eta hala, hastapenetan, Pompaelo, Pamplona edo Iruñeko erresuma esango diote. Orduko Iruñeak zerikusi gutxi zeukan euskaldunen askatasunekin, ohiturekin eta kulturarekin. Erromatarrek sortu edo birsortutako hiria izanda, haien legeen eta ikusmoldeen arabera antolatutako hiria zen. Frankoek ere euren nortasuna emango zioten, baita bisigodoek ere. Eta kultura horien gizarte antolamendu hierarkiko eta klasistari eta izaera militarrari zor zion haien klase banaketak bultzatutako oligarkia militar bat bertan errotzea. Lehen erregetzat dugunak, Eneko Aritzak, Banu Qasitarren bultzadari esker eratu zuen bere erresuma, karolingiarrei aurre egiteko. Banu Qasitarrak musulman bihurtutakoak ziren, jatorriz beharbada erromatar-hispanoak, beharbada bisigodoak. Euskaldunak, ez dirudi.

Edozelan ere, zer ekarri zien erresumak mendi eta haranetan aske bizi ziren euskaldunei? Errege baten mendeko bihurtzea, horrek dauzkan ondorio guztiekin. Aurrerantzean, herri demokrazia, udaletako herri-batzarretan gauzatzen zena, etengabeko tentsioan egongo zen beti Erregearen botere nahiarekin, herriaren independentzia atzera eginez, urtetik urtera. Inposaketa horrek argudio nagusia izango zuen: indar militarra.

Ordura arte euskaldunen artean horizontalak ziren harremanak bertikaltzen joan ziren, eta monarkia izan zen bidea kristautasuna ere erlijio ofizial bihurtzeko, lehenagoko mundu ikuskera paganoa, jatorrizkoa, legez kanpo jarrita. Baita latina eta hizkuntza erromantzeak nobleen artean ofizial bihurtu zituen erakundea ere.

Euskal Herriak Estatu bihurtzea kalterako baino ez zen izan euskaldunentzat. Herri demokrazia (errepikakorra da, baina gaur egun, demokrazia hitza hain ustelduta dagoenean, behar ez liratekeen adjektiboak jarri behar dizkiogu, egungo diktadura partitokratikoetatik bereizteko) etengabeko mehatxupean geldituko zen, gero eta gehiago, herriak berak bere buruari emandako gobernu sistema barik, Erregeak (edo Jaunak), “eskuzabaltasunez”, emandako pribilegio edo oparitzat hartuta. Batzar Nagusiak eurak, maiz erabiliko ziren oligarkien interesen alde eta herrien aurka. Adibide argia da, garai batean, Bizkaiko Batzar Nagusien legeak haietan ordezkaritza izateko herriek gazteleraz zekien norbait bidaltzera derrigortzea. Horrela, erdaldunik ez zeukaten herri asko ahotsik gabe gelditu ziren luzaroan, lege hori atzera botatzea lortu zen arte. Ez da kasualitatea foru zaharrak eta berriak hain berandu eta erromantzez idatziak izatea. Ordurako, bazegoen tokian tokiko elite bate herriaren nahia bere interesen arabera berrinterpretatu eta interpretazio hori idatziz jasotzeko. Euskaldunek idatzizkoari (kontratuak, legeak zein literatura izan) zioten mesfidantza oso osasungarria eta zuhurra zen, bai horixe. Bestalde, gaur egungo lurralde erakundeei Batzar Nagusiak esateak txantxa iluna dirudi. Garai batekoek gorde zuten sen demokratiko apurretik izena baino ez dute gorde, haiek ere alderdi interesen aldeko borrokarako esparru bihurtuz, haiek ere frantses iraultzak ezarritako diktadura parlamentarioaren kopia hutsa.

Edozein ikuspegitatik begiratuta, Estatu egiturak sortzea izan zen herrien independentzia murrizteko lehen kolpea, eta erresumak eta jaurerriak, egitura hierarkiko eta zentralizatzaileak sortzea hartu behar genuke euskaldunen independentzia galeraren abiapuntu, 1512a baino askoz lehenago.

Bestetik, bertsio ofizialak diosku Nafarroako erresumak galtzea euskal Estatua galtzea ekarri zuela baina, benetan zen euskal Estatua 1512an “galdu” zena?

Ordurako, Bizkaiko oligarkiak aspaldi zuen erabakia euren Jauna Gaztelako errege bihurtzea, ezkontza bitartez. Gipuzkoa eta Arabako gehiena ere Gaztelaren eskuetan zegoen, lurralde bakoitzeko Estatu buruzagiek erabakita edo okupazio militarraren bidez. Ordurako, foruak errespetatzearen truke, Lapurdiko erakundeek ere Frantzia osatzea erabakia zuten, eta Baiona militarki konkistatua zen. Zuberoa ere militarki okupatua zen. Eta geratzen zen Nafarroako erresuma horretan nork agintzen zuen? Aspaldi, Ximena dinastiaren azkena hil ondoren, Frantziatik ekarria izan zen monarkia berria, Xanpaina familiakoa. Hori XIII. mendean gertatu zen. Alegia, XIII. mendetik, Nafarroako erresuma frantses dinastia biren eskuetan egon zen, Xanpaina familiarenean hasieran, Foix familiarenean gero, tarte labur batez, Frantziako eta Gaztelako erregeen artean partekatuta egonda. Hori zen euskal Estatua? Izan ere, 1512ko konkistaren ostean euskal Estatu “askearekin” zer gertatu zen ikustea baino ez daukagu, monarkiak zer ekarri zuen argi ikusteko: 1589an, konkista ospetsuaren 77 urte ondoren, Nafarroako erregeak Frantziako errege bihurtzea onartu zuen, ezkontza bitartez, horretarako katoliko bihurtuz, eta hurrengo mendean haren ondorengoak koroa biak bat egitea erabaki. Beharbada, Gaztelak Nafarroa konkistatu ez balu, egun frantsesak lirateke nafar guztiak, “euren” erregeari esker. Eta ez da harritzekoa, “nafar” errege horien jatorriari erreparatuta. Azken finean, frantses jatorrikoak ziren, ezta?

Bestetik, gogoratu behar da erresumaren “galera” Nafarroako monarkiaren abarotan loditutako handikien arteko norgehiagokak bultzatu edo erraztu zuela, neurri handi batean. Herrien interesekin zerikusirik ez zeukaten agramondarren eta beamondarren arteko liskarrek zabaldu zizkioten ateak konkistari. Euskal Estatuan, Euskal monarkian, boterea eskuratzeko lehiak, azpijokoak eta ustelkeriak beste edozein monarkia zein Estatutan zeuden eta dauden berberak ziren. Eusko labelak ez zituen ez herrikoiago, ez duinago, ez zintzoago, ez demokratikoago, ez eskuzabalago bihurtu.

Eta hainbat ezkertiar historia horri begira jartzen dira euskal Estatua aldarrikatzeko, monarkia bat goraipatzeko. Haiek ere, handikien, oligarkien, tiranoen erabakiei begira jartzen dira, haien arabera irakurtzen dute herrien historia. Horrek azaltzen du kanpotik ekarritako beste diktadura mota bat ere, alderdi politikoen eta legebiltzarren bidezkoa, ontzat ematea.

Euskal Herriek, ordea, beste historia bati begiratu behar liokete, jauntxoek, eliteek, apaizek, nobleek eta burgesek idatzi nahi izan ez duten historiari, ahal izan duten neurrian ezabatu eta ahaztarazi nahi izan duten behekoen historiari. Herrien historiari, alegia, herri horietan, sarean, borondatez eta horizontalki antolatutako herri burujabeetan baino ez dagoelako benetako independentzia baterako edo, zehatzagoak izateko, hautazko interdependentzia baterako giltza. Estatu guztiek, frantses, gaztelar, espainol zein euskal estatu izan, herrien askatasuna, autoantolakuntza, auzolana eta jabetza komunala suntsitzeko baino ez dute lan egin, euren sorreratik beretik. Monarkia zale berriek, Estatu apologista berriek, ezkertiar izatea zer den aztertu behar lukete. Pentsatu behar lukete, euskal Estatua aldarrikatzen dutenean, Estatuak dakarren guztia, hots, euskal armada, euskal atzerritartasun legeak, euskal polizia, euskal kartzelak, euskal errepresioa, euskal kapitalismoa… ere eskatzen dituzten. Tirania monarkiko bat zuritzeko prest daudela ikusita, beldur naiz benetan hori dena zuritzeko prest ez ote dauden, aurretik “euskal” ipinita autoritarismoa ere eder eta desiragarri bihurtuta.

Aurtengo mendeurrenetan zerbait aldarrikatu behar badugu, Estatu ororen desagerpena eta herrien burujabetasuna aldarrika ditzagun, eta bidea egin Euskal Herriek banakako zein taldeko askatasuna eskura dezaten. Izenda ditzagun Estatuak, monarkiak eta konstituzioak oro herrien etsai, herrien azpiratzaile. Udalbiltza, esaterako, eredu interesgarria izan zitekeen, alderdi interesetatik kanpo antolatutako benetako herri-batzarren koordinazio erakundea izan balitz, demokrazia zuzenaren isla, burujabetza de facto baten bidean, baina tamalez, horretatik oso urrun geratu zen, botere borrokaren baitako beste eszenatoki bat bihurtuz. Behetik gorako ereduen lurperatzaile izan diren goitik beherako sistemak aldarrikatzeak ez dio askatasunari mesede handirik egingo.

Libertariook erantzukizun historikoa dugu, Estatu ororen aurrean, benetako herrigintza bultzatzeko, eta urte egokian gaude horretan buru-belarri jarduteko. Jose Mari Esparzak bere liburuan erakutsi digunez, historian Euskal Herriak jaso dituzten hainbat mapa egon dira, hainbat politika eta administrazio ikuspegi eta interes jaso dituztenak. Bada garaia goikoen eta garaileen erabakietatik harago, euskal herriek, euskal herritarrek, egun gure herrietan bizi diren biztanle guztiek borondatez, burujabetasunez, askatasunez, behetik eratutako mapa marraztu dezaten.

(Castellano)