Erresistentzia zibila eta indarkeriarik eza – Resistencia civil y noviolencia


Víctor Montes lagunak, La Idea blog ezinbestekoan, indarkeriarik ezari eta erresistentzia zibilari buruzko sail oso interesgarria ari da argitaratzen. Sail horretatik artikuluetako bat “ostu” diot hemen zuekin partitzeko. Asko dago handik ikasteko, baina sail osoa irakurtzea gomendatzen dizuet.

El compa Víctor Montes, en su imprescindible blog La Idea, está publicando una muy interesante serie de artículos dedicados a la noviolencia y la resistencia civil. Le he “robado” uno de esos artículos de la serie para compartirlo aquí con vosotrxs. Hay mucho ahí que aprender, pero os recomiendo leer la serie completa.

Resistencia civil y noviolencia

Muchas veces nos sorprendemos diciendo o escuchando eso de ¿cómo es posible que la gente trague por todo esto?, olvidándonos de que el Pueblo precisa de modelos para saber hacia donde tirar, máxime ahora en que muchos de los que creían seguros, han comenzado a derrumbarse a su alrededor como el endeble atrezzo de teatro que en realidad era.

En estos tiempos de agresivo ataque neoliberal lxs activistas (como en toda época) han de ser quienes marquen el camino, la vía de acción y al hacerlo debe hacerse ejerciendo una fuerza proporcional a la presión recibida. En este marco la opción de la resistencia civil y de la noviolencia activa se muestran como la única opción capaz de hacer frente a este desesperado ataque con el que pretenden privarnos de esos derechos que un siglo de luchas nos costó conseguir.

Por ello traigo a «La Idea» este texto de Pietro Ameglio. Constituye una lectura muy a tener en cuenta para poner fin al feroz ataque que la sociedad sufre por parte de las multinacionales, el sistema financiero y los gobiernos títeres que lo hacen posible.

Espero que disfrutes (y aproveches) la lectura 😉


Viernes, 01 de Junio de 2007 13:10 La resistencia civil y la noviolencia activa son dos conceptos centrales para la construcción de nuestra especie, aún más joven de lo que quisiéramos aceptar. Para Konrad Lorenz [La agresividad: ese pretendido mal. México,  Siglo XXI Ediciones.], etólogo alemán, los actuales humanos podríamos todavía considerarnos como el eslabón perdido, o sea, la humanidad de nuestra especie es todavía un proyecto en construcción, un deseo más que una realidad. Si uno pone atención al número de genocidios –el máximo grado de la acción inhumana- acaecidos en las últimas décadas, a lo largo de todos los continentes, y a que un tercio de la población mundial no sabe si comerá al otro día, entonces tal vez no suene tan descabellada esta afirmación.

Todo ser que se precie de humano debe tener como un valor fundamental la capacidad de resistir a lo inhumano; el que está vivo, resiste. Y el que resiste lucha o es solidario; si bien ambos conceptos están asociados y son interdependientes, no son idénticos: no es lo mismo luchar que ser solidario, en cuanto relación directa o mediada con un adversario enfrente. Otra relación básica entre la noviolencia activa y la resistencia civil se da en las diferentes formas y gradaciones. Varios sectores sociales actualmente se están planteando la necesidad de intensificar, renovar y practicar la resistencia civil, desde los distintos espacios en que organizaciones e individuos instalan su terreno de lucha social, frente a los embates de la actual expansión capitalista que necesita construir permanentemente condiciones de guerra, militarización y violencia extrema para desplazarse. Esta resistencia a lo inhumano históricamente ha permitido pasos sustantivos de avance hacia lo humano. Resulta entonces importante realizar un ejercicio de evaluación reversible de lo hecho hasta aquí y la necesidad tal vez de una mayor conceptualización sobre el tema, así como de propuestas de acción creativas y efectivas. Recordemos que la reflexión es la primer arma con que cuenta un individuo.

Resistencia civil: ¿hacia dónde mirar?

Pierre-Joseph Proudhon

La resistencia civil desarrolla un método de lucha colectivo que no recurre en principio al uso de la violencia en un sentido de impunidad, unilateralidad ni destrucción de los cuerpos adversarios. Incluso, es muchas veces asociada o fundida con las formas de lucha noviolenta activa -se la sitúa con frecuencia dentro de ese marco más amplio-, aunque no necesariamente implique que acepte una ética pacifista o noviolenta (que tampoco son lo mismo entre sí). Ahondando un poco el concepto de resistencia, es bueno hacer una precisión -no hay mejor elemento para la toma de conciencia que el saber con claridad lo que se hace y cómo-:

“en la resistencia pasiva se va estableciendo un equilibrio inverso con la identidad del otro que busca la continuidad, se trata de una relación de fuerzas opuestas enfrentadas, pero que no buscan llegar a la ruptura; en la resistencia activa este equilibrio se rompe”. (Juan Carlos Marín en Pietro Ameglio. Gandhi y la desobediencia civil. México hoy. México, Edit. Plaza y Valdés, 2002, pp. 117-128.)

Mahatma Gandhi

Gandhi mismo  transformó la tradicional resistencia pasiva hindú en el satyagraha (“la fuerza de la verdad”) o noviolencia activa. Esto es importante de considerar, por la frontera que se crea en el terreno de lo legal, y además porque en ocasiones se ha tendido a asociar mecánicamente en forma indiscriminada y con bastante ligereza la idea de resistencia civil con la de desobediencia civil, así como también, por otro lado, se ha usado la concepción de resistencia civil referida a un espectro bastante amplio de acciones de lucha social, que pueden ir desde una marcha hasta bloqueos, tomas y enfrentamientos armados.

Dentro de la tradición noviolenta, la desobediencia civil constituye el grado más intenso de acción, donde en forma abierta y consciente se coloca el principio de legitimidad antes que el de legalidad, la obediencia a la propia conciencia antes que a la autoridad, y se desemboca en este tipo de acciones después de un proceso de haber intentado muchas otras de gradación inferior. En general, nunca sería la primera etapa de una lucha, sea por la preparación previa que exige como por la necesidad que la opinión pública pueda tener conciencia de la gradualidad y legitimidad del proceso de esa lucha social. Nuestro análisis lo haremos entonces desde esta perspectiva noviolenta.

Según Gene Sharp, importante teórico de la lucha noviolenta, los métodos de la resistencia civil noviolenta pueden dividirse en:

  • la protesta social (manifestaciones, declaraciones, peticiones…), la persuasión y distribución de información;
  • la no-cooperación social, económica y política (huelgas, boicot, desobediencia civil…);
  • la intervención noviolenta (sentadas, ocupaciones-tomas, bloqueos, creación de instituciones paralelas de gobierno…) [0]

Estas acciones van desde el terreno de la solidaridad con los que luchan hasta el de la lucha social junto a los que luchan; no necesariamente debemos verlo como jerarquizaciones positivas o negativas sino como niveles de compromiso posible para el que actúa, que es bueno distinguir para saber dónde está el cuerpo de uno y qué debe hacerse en consecuencia.

Ofensiva estratégica noviolenta

Analicemos ahora una serie de elementos centrales acerca de ciertas características de las acciones de resistencia civil, que permitan instalar con claridad las luchas en el plano de la ofensiva estratégica noviolenta:

1- Esta forma de lucha radical noviolenta se basa en el principio de que los gobiernos dependen socialmente de la colaboración y obediencia ciega anticipada a la autoridad, para ejercer toda orden de castigo que ésta nos demande [1], así como de la lealtad de las Fuerzas Armadas y la Policía, sin cuestionar la inhumanidad de sus mandatos en diversas ocasiones. Por tanto, en esta forma de lucha sobre todo socio-política se trata de movilizar a la población civil —y si es posible a la militar, como por ejemplo en Filipinas, Dinamarca y Rusia— para que retire sus formas de consenso apriorístico hacia la autoridad, y se vayan así socavando las fuentes de poder del adversario.

Surge así el mandato y tarea básica de la acción de resistencia civil y noviolencia: desobedecer toda orden inhumana que nos da la autoridad [Esta consigna intelectual y moral, impulsada desde hace tiempo por el Dr. Juan Carlos Marín, y plenamente identificada con la noviolencia activa, fue aprobada en la Declaración Final del XXII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología en Concepción, Chile, en octubre de 1999. En la misma línea, hay quienes también han propuesto la “desobediencia civil” (Gandhi), la “obediencia negada” (Günther Grass y Kenzaburō Ōe), o la “santa desobediencia” (P. Donald Hessler y Leonardo Boff)], es una de las empresas más difíciles para nuestra especie.

“La desobediencia es el último medio por el que se pone fin a una tensión… reformula la relación entre sujeto y autoridad… (se crea un) carácter totalmente desconocido de la relación que (se) espera tras la ruptura…(es) un camino difícil que sólo una minoría es capaz de seguir hasta su conclusión”, donde se nos domestica a todos desde el inicio de nuestra vida familiar, escolar y espiritual a ver como un valor central la obediencia ciega a la autoridad.

(Stanley Milgram. Obediencia a la autoridad. Un punto de vista experimental. Bilbao, Desclée de Brouwer, 1980, pp. 152-3).

Martin Luther King

2- Otro elemento clave asociado a la idea de resistencia, está en la concepción de fuerza, en su carácter material, psicológico y moral. Bien decía Gandhi en el Hind Swaraj, que “una petición sin el apoyo de la fuerza es inútil”. En la resistencia civil, y en la lucha noviolenta, esta fuerza nace de la acumulación moral (Gandhi hablaba de la “Fuerza de la verdad” [satyagraha] y Martin Luther King de la “Fuerza del Amor”), y adquiere relevancia al articularse colectivamente con otras fuerzas materiales similares en la no-cooperación o la desobediencia civil.

Así, podemos constatar que antes que en el plano de los cuerpos, la lucha se presenta en el plano de la confrontación e impugnación moral, donde tiene una centralidad determinante lograr evidenciar ante las masas y las fuerzas del adversario la injusticia de sus posturas.

Por tanto resulta fundamental plantearse antes de las acciones, la necesidad que éstas acumulen fuerza moral, que sumen más gente, su relación con la legitimidad social y el orden de lo legal, el uso que se haga de las “armas morales” [2] y de la “reserva moral” [3] de la sociedad movilizada, cada vez más en el terreno de la lucha y no sólo en el de la solidaridad.

3- Así, la lucha se plantea inicialmente en el terreno de la legitimidad moral y la acumulación allí también de fuerza material: cuerpos y espacios físicos que desobedezcan lo inhumano y realicen muy diversas formas de interposición y objeción noviolentas, de la forma más abierta posible, y ganando cada vez más solidaridad a su alrededor. La presión moral se conjuga con la física. Lo moral además, en su doble carácter, afecta la moral y tiene que ver con temas morales; el argumento central se enuncia casi siempre en términos morales y es fundamental ganar esa discusión, que tiene también mucho que ver con los medios y la estrategia de la lucha.

Por ello, la primera construcción y reflexión debe ir hacia las armas morales que se utilizarán.

4- Al respecto, en la resistencia civil noviolenta relación entre el fin y los medios (Decía Gandhi que “los medios son como la semilla y el fin como el árbol…(entre ambos) hay una relación inescindible” [4]) constituye un principio toral, algo muy opuesto a la cultura maquiavélica que nos atraviesa.

Los medios son ya un fin en sí mismos y por más que uno esté totalmente convencido de sus argumentos, no se tiene el derecho de imponerlos por la fuerza a los otros.

Con frecuencia lo que criticamos de nuestro adversario lo reproducimos en nuestro propio bando; puede así estarse registrando el mayor triunfo del adversario sin tener nosotros conciencia: luchar con la lógica y armas del adversario garantiza la derrota segura de nuestro propio bando. Esa una de las primeras formas de  penetración del otro, quien por lo general se mueve en la lógica de la guerra.

5- Pasando ahora al plano de la acción, dentro de una gran variedad resulta importante resaltar un rasgo básico al respecto: existen diferentes niveles de acción, algo que no siempre es obvio a primera vista, y la selección táctica de las acciones pasa por una reflexión y explicación abierta, con el fin de contar con las adhesiones necesarias y la toma de conciencia acerca:

  1. de los riesgos en la relación de fuerza con el adversario;
  2. del valor de su legalidad o legitimidad social e histórica;
  3. de las posibilidades de alcanzar los objetivos propuestos.

La conjunción de estos aspectos, o la forzada preeminencia de uno a veces, son fundamentales de analizar en la constitución de cualquier proceso de resistencia civil.

En lo específico, sabemos que la desobediencia civil de masas para lograr objetivos políticos, económicos y sociales ha sido un elemento significativo en la historia occidental sobre todo desde el siglo XIX, con las luchas obreras, campesinas y por los derechos políticos, civiles y sociales; podríamos afirmar sin rubor que este tipo de acción ha constituido uno de los principales motores de avance hacia lo humano de nuestra especie, sin esa capacidad de enfrentar individual o masivamente un ordenamiento legal que expropia a muchos su humanidad estaríamos todavía culturalmente muy cerca de la edad de piedra. En principio, además, este tipo de lucha social al llevar el apellido de “civil”, nos remite al terreno de la lucha por la ciudadanía o la ciudadanización de grandes masas de individuos, excluidos de muchos derechos del orden social capitalista dominante.

6- Como complemento, es también central considerar niveles diferentes donde trabajar con la población civil. Las primeras coordenadas serán siempre espacio y tiempo: el análisis de la coyuntura, de los tiempos cortos hasta los largos, los lugares donde más se evidencian públicamente las protestas y donde el cuerpo del adversario tiene un interés más directo y/o frágil, la relación de las propias fuerzas materiales y morales con respecto a las del adversario. Sería el principio de realidad básico desde donde partir.

En este contexto de reflexionar la actual identidad del otro, y en una autorreflexión de nuestros objetivos y fuerzas, es donde deben insertarse las estrategias y tácticas de la resistencia civil, empezando por diferenciar los niveles de la planeación: distinguir tiempo, espacio y actores a quiénes van dirigidas las acciones:

  1. En la variable temporal, existe una interacción entre los tiempos personales-grupales propios, los tiempos sociales y los del adversario directo.
  2. La decisión del lugar donde realizar la acción táctica es fundamental, y generalmente es uno de los aspectos más descuidados y abandonados a la rutina; se acaba por ir siempre al mismo lugar: las plazas, y no en cambio a los lugares donde viven, despachan y actúan los sujetos y sus familiares a presionar o tocar en su identidad, por tanto se hace mucho más difícil que ellos nos vean u oigan, que sientan una verdadera presión social.
  3. Así, la variable espacial está muy ligada a la de los sujetos (u objetos) a quienes van dirigidas las acciones, pues de esta elección, en la lógica geográfica que apuntábamos antes, depende el lugar escogido para buscar la relación de fuerza.

7- En este sentido, un aspecto importante está en la capacidad de tocar (presionar) al adversario en un punto de interés o fragilidad moral y material centrales para su identidad social.

Esto va aunado a un intento de interlocución hacia las partes más positivas del adversario, a su conciencia, tratando que él no coloque la lucha sólo en el plano de la violencia física, y confiando en que él también puede cambiar en sus posturas incorrectas.

Se trata entonces de humanizar a la lucha y al adversario, romper la etapa de los odios y prejuicios.

Por ello es tan importante un buen conocimiento descriptivo y analítico de quien tengo enfrente, conocerlo en toda su complejidad y en el proceso de constitución de sus distintas identidades, no por estereotipos, con distintas formas de medición y comparación de su accionar, o sea, tener un claro principio de realidad en la lucha, tanto del propio bando como del que se confronta.

8- En la relación con el adversario, un principio de base que atraviesa la lógica de la acción noviolenta,  es el del judo y jujitsu político (Gene Sharp. Op.cit. Tomo 3, cap. 12.).

La aparente fuerza y errores del adversario son usados en su contra, lo que exige la construcción pública y en los medios de rupturas epistémicas en la gente (y si es posible en la autoridad), donde con la propias palabras o documentos esgrimidos por el adversario queden al descubierto sus ilegalidades y abusos.

Se avanza así también en otro de los elementos centrales de la lucha noviolenta: desarmar al adversario.

9- Aparece entonces otro actor clave para la resistencia civil: cómo sumar cuerpos y apoyo público a la causa, cómo traducirla a un lenguaje y necesidades comunes de muchos más, cómo romper el cerco o el encierro en que muchas veces el poder nos coloca como primera táctica, ya que el dueño de la situación es el que cerca y no el cercado.

La importancia estratégica de ganar aliados también al exterior de nuestra lucha: en las partes del adversario, en las neutrales o en las no interesadas directamente en el problema; así como mantener con claridad y fuerza a los del propio bando.

10- Pero el anterior es sólo un primer momento, que debe ser complementado con otro aún más difícil: que la población instale de algún modo ese abuso en su propia identidad y se sienta al menos moralmente afectada, por tanto que la haga movilizarse.

Entran allí muchas veces aspectos de reflexión acerca de la incorporación a mi identidad de la identidad de otros, de una mirada más amplia y compleja de lo que son mis intereses personales y familiares, del manejo del miedo y el impedir que éste se convierta en aterrorizamiento.

Hoy día, grandes porciones de la ciudadanía han sido colocadas en condiciones de indefensión por aterrorizamiento gracias a toda una compleja construcción social desde el aparato en el poder y su articulación con el mundo militarizado y del delito, que lleva a las mayorías a pedir paradójicamente —desde lo administrativo hasta lo armado— más seguridad al que precisamente siembra la inseguridad: las fuerzas del orden (militar y policial) quienes se convierten en Grandes Autoridades-Padres Protectores, que para actuar piden a cambio la obediencia ciega de la población y la correspondiente cesión de muchos de sus derechos humanos logrados por siglos de luchas sociales.

Por ello el gobierno y las fuerzas auxiliares del poder se encargan, por todos los medios y formas de ocultamiento, de difundir y provocar la idea que cualquier manifestación de protesta o disenso atenta contra la seguridad individual y colectiva, lo que la convierte en ilegal e ilegítima. Se construyen así los chivos expiatorios públicos y la imperiosa demanda ciudadana de exterminarlos. Se avanza así hacia la  criminalización del activismo social, y se presenta a los luchadores sociales que resisten como amenaza para la paz pública.

A nivel mundial también cada vez más todos estamos siendo colocados en la irremediabilidad de la Paz Armada y la necesidad de más bombas, policías, militares, perros, rejas o complejos que nos cuiden y encierren. Este encierro deriva precisamente en un proceso de soldarización de la población civil, colocada entonces en una permanente “espera de órdenes” por parte de la autoridad, como el soldado [5].

Por ello actualmente muchas luchas de la resistencia civil son contra la cultura dominante, donde el ideal del ciudadano es el soldado que obedece ciegamente las órdenes y castigos que la autoridad le demanda y la inseguridad se combate con la paz armada. No olvidemos que desde el siglo XIX la construcción de la identidad social del ciudadano y el soldado operan en forma conjunta, según las condiciones de guerra o no: el ciudadano es un soldado desarmado y el soldado un ciudadano armado [6].

En este terreno, uno de los modos para desarmar al adversario es instalar públicamente preguntas que lleven a una reflexión colectiva acerca de la gran incoherencia entre el fin y los medios existentes en estas acciones, y cómo se mutila nuestra humanidad personal y social al delegar nuestra identidad corporal, moral e intelectual en quien monopoliza la fuerza material y la violencia.

La recuperación del conocimiento de la historia y la episteme es básica en esta lucha de resistencia, y no la apuesta a la desmemoria y la atomización del conocimiento.

Resistencia civil y autonomía

Gandhi concluye su Programa Constructivo de la India (1945, PC) afirmando que:

“La desobediencia civil (DC) es un estímulo para los combatientes y un desafío para el adversario. Debería ser claro para el lector que la desobediencia civil en los términos de la Independencia, sin la cooperación de las masas por medio de un esfuerzo constructivo, es una pura y simple bravuconada y peor que inútil” [7].

Vemos por tanto que la resistencia civil noviolenta en su etapa más radical debe ir acompañada de una propuesta de orden social en consonancia, que permita vislumbrar una alternativa real, si no se caería en una simple provocación y choque, donde siempre ganará el que detente la mayor fuerza material.

El orden social alternativo constituye también un modo de acumular fuerza moral a la vez que material, para contrarrestar la a menudo supremacía material violenta del adversario.

Hoy día en el mundo, si bien existen cada vez mayores espacios de protesta social, no existen muchos ejemplos de orden social alternativos al capitalismo neoliberal que nos atraviesa.

Éste es uno de los grandes límites con que chocan las protestas mundiales contra la globalización. Dichas manifestaciones han cumplido muy bien varias de las etapas de la lucha social: han logrado desnudar la verdad de la injusticia y opresión social de las políticas neoliberales; han acumulado fuerza moral por lo legítimo de sus demandas, al grado que la OMC acepta dialogar en foros paralelos con representantes de estas protestas; han cercado a los del poder económico mundial en los lugares precisos, con una capacidad creativa, organizativa y valentía asombrosas, entre otras muchas cosas. Sin embargo, la suma de experiencias locales y de luchas puntuales no constituyen mecánicamente por sí mismas un nuevo orden social, aunque a veces sí son un embrión de él.

¿Dónde voltear entonces para explorar esas alternativas y tener así más fuerza en las protestas y propuestas? Pensamos que en mucho se puede voltear hacia el zapatismo en Chiapas.

Con todas sus fragilidades y carencias, desde su propia historia y cosmovisión reciente y ancestral, consideramos que en esas regiones del sureste mexicano realmente se está gestando un orden social constructivo, llamado “autonomía”, que propone un esquema de relaciones sociales y de producción en muchos aspectos diferentes al capitalismo neoliberal, y que busca en gran medida construir espacios de igualación social y mayor humanización.

Ha sido una acción  entre la no-cooperación y la desobediencia civil, realizada desde una estrategia noviolenta central: ejercer una autoridad en un territorio haciendo de cuenta que ya está liberado, o sea, hacer realidad algo que aun el orden legal oficial no autoriza, ejercer el propio poder y autonomía corporal y social sin pedir permiso.

No se trata, sin embargo, de un Estado dentro de otro, como el gobierno tanto ha intentado confundir a la población, sino de un principio de orden social dentro de otro. Tampoco se trata de un nuevo orden excluyente del anterior, ni que contradiga las leyes públicas, sino que las complementa. Bien lo dicen en un comunicado reciente sobre sus vídeos: “Si se hunde el país, se hunde la autonomía con él” [8].

Esta autonomía rompe la heteronomía dominante en el orden social, y tiene referentes reales al menos en el campo político con las Juntas de Buen Gobierno, en el educativo y de salud con los Consejos específicos, y en el alimenticio y productivo.

La construcción cultural va de lo individual a lo social, por ejemplo, en las Juntas de Buen Gobierno cada mes cambian las autoridades, en algo que podría parecer cuando menos caótico, pero que en la realidad obliga a una gran flexibilidad individual y colectiva, evitando que puedan darse situaciones de abuso de poder o donde no se respete el “mandar obedeciendo” [9].

Esta rotación horizontal permite que cualquiera que sepa escuchar y hacer cumplir acuerdos pueda ejercer temporalmente un poder público y político, adquiera experiencia y desarrolle capacidades organizativas y de autoridad comunitarias.

Se ha construido así en Chiapas una dualidad de poder o poder paralelo. Los zapatistas nos enseñan con su práctica, al igual que el modelo gandhiano, que la autonomía, la no-cooperación y la desobediencia civil van unidas como un sólo cuerpo, aunque no sean lo mismo.

La historia humana no brinda demasiados ejemplos de este tipo de experiencias alternativas al orden social dominante, y menos en territorios y poblaciones tan extensas; en el pasado reciente Gandhi, Mandela, Rugova (Kosovo), realizaron algunos experimentos y centraron mucho de su lucha en la construcción de cuerpos, mentes y estructuras sociales con autonomía y autodignidad, frente a los cuales el adversario ya nada podría dominar.

Escrito por Pietro Ameglio Patella, SERPAJ-México. Noviembre 2005

[0] Ver los tres tomos de Gene Sharp sobre The politics of Nonviolent Action, editados por Porter Sargent Publisher en 1984. Ampliar en: Michael Randle. Resistencia civil. La ciudadanía ante las arbitrariedades de los gobiernos. Barcelona, Ed. Paidós, 1994, pp.25-32. Para otra tipología de la acción noviolenta consultar la entrevista a Jean y Hildegard Goss y el artículo de SERPAJ-Brasil, en la revista Casa del Tiempo, México, UAM, julio-agosto 1987.

[1] Juan Carlos Marín. Conversaciones sobre el poder. Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires, PICASO, 1995, pp.25-56. Henry David Thoreau, objetor de conciencia en la guerra de Estados Unidos contra México a mitad del XIX, y Gandhi, en el siglo XX, fueron dos de los mayores maestros en este arte. Uno, Thoreau, desarrollando sobre todo actos de desobediencia civil individual, y el otro, Gandhi, acciones masivas colectivas que justifica con este principio sobre la relación entre los gobiernos y el poder del pueblo en el Hind Swaraj.]

[2] Juan Carlos Marín. Conversaciones sobre… pp.25-56.

[3] Espacio de Reflexión y Acción Conjunta sobre Militarización. El proceso de guerra en México 1994-99: militarización y costo humano. México, 1999, pp.115-19. La activación masiva en las calles de la reserva moral de una sociedad es algo que no se verifica seguido, constituye una situación de excepción donde grandes porciones sociales expresan en forma abierta un ya basta ante una situación que consideran de elevada inmoralidad y que no están dispuestas a pasar por alto.

[4] M. Gandhi. En lo que yo creo. Mérida, Ed. Dante, 1985, p.114

[5] Elías Canetti. Masa y poder. Madrid, Ed. Alianza, 1997, pp. 299-329.

[6] Juan C. Marín. Conversaciones colectivas. Cuernavaca, mimeo, 2000.

[7] Pietro Ameglio. Op. Cit. p.328.

[8] EZLN. Chiapas: la treceava estela. Julio-agosto 2003.

[9] EZLN. Mandar obedeciendo. 26 febrero 1994.

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